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“Viejos”: Cuando el horror es mera cuestión de tiempo

Corte y Queda. El filme funciona bien como una montaña rusa de adrenalina y suspenso constante, la cual ofrece varios momentos bastante inspirados

“Viejos”: Cuando el horror es mera cuestión de tiempo | La Crónica de Hoy

Foto: (Cortesía) Fotograma del más reciente filme de M. Night Shyamalan.

Prisca y Guy Cappa (Vicky Krieps y Gael García Bernal, respectivamente) son un matrimonio joven el cual ha decidido tomarse unas vacaciones junto con sus pequeños hijos. Con estos días de esparcimiento, la pareja no solo busca pasar un tiempo de calidad con sus vástagos, sino “prepararlos” para, al volver del viaje; anunciarles una decisión importante y que no será nada fácil para ellos. Y es que la relación sentimental entre Prisca y Guy está atravesando por un mal momento, y las discusiones entre ellos están a la orden del día.

Dicha vacación deciden llevarla a cabo en un resort ubicado en un lugar tropical de belleza exuberante, donde son recibidos cálidamente por su personal y por su gerente (Gustaf Hammarsten), quien durante el desayuno les hace una sugerencia: visitar una playa privada y oculta propiedad del hotel, la cual tienen reservada para huéspedes “selectos”. Ellos aceptan, y se hacen los arreglos para llevarlos allí, junto con otras personas quienes también han sido invitadas.

El paradisíaco sitio es un tanto difícil de acceder, dado que se encuentra rodeado por una elevada muralla natural de roca, y solo se puede llegar a él por un pasadizo semioculto. A pesar de ello, los Cappa y el resto de sus acompañantes llegan al lugar sin mayores contratiempos. En un extremo de esa playa, divisan a un hombre taciturno y callado, quien es reconocido por uno de los menores, resultando ser una estrella del rap llamada Mid-Sized Sedan (Aaron Pierre). Aunque su presencia incomoda un poco a algunos de los huéspedes integrantes del grupo, las cosas no pasan a mayores y todo parece indicar que pasarán una tarde agradable y tranquila. 

Todo cambia drásticamente cuando, a los pocos minutos de su estancia, uno de los niños encuentra un cadáver. Y a partir de allí, sobre ellos se vierte una imparable cascada de sucesos y hallazgos insólitos, los cuales les hace llegar a una aterradora conclusión: por alguna extraña razón, sus cuerpos están envejeciendo de forma anormalmente acelerada.

Su primer impulso es salir de allí. Pero al tratar de volver por donde vinieron, “algo” no les permite pasar por el pasillo entre las paredes de roca. Tampoco hay señal de celular, y no pueden llamar a nadie ni pedir auxilio. Cercados por el elevado y escarpado muro natural y por un mar inclemente, el grupo inicia -literalmente- una carrera contra reloj para buscar una forma de escapar del lugar, al tiempo que intentan deducir la causa su vertiginoso envejecimiento, y dilucidar cuales son los motivos reales por los cuales fueron llevados allí.

Este es el argumento sobre el cual reposa Viejos (Old) el nuevo filme de M. Night Shyamalan, resultante de su adaptación cinematográfica a Sandcastle, novela gráfica concebida por Oscar Levy y Frederik Peeters, y donde el cineasta indio desarrolla un relato de suspenso y horror a su más puro estilo, dando un sentido fantástico y retorcido a esa frase de que la vida pasa en un abrir y cerrar de ojos.

Si bien la vejez ya había sido empleada previamente por Shyamalan como recurso para el terror en Los huéspedes (The Visit), su película del 2015; aquí el director (basándose en el relato de Levy y Peeters) vuelve a utilizarla, solo que esta vez no es de esta etapa natural de la vida de donde irradia el terror, sino más bien del proceso mismo que nos conduce a ella, y que entre otras cosas implica nuestra decadencia -física y mental- y el cual, en última instancia, desembocará en el fin de nuestra existencia terrenal.

Es así como el miedo a morir, ligado aquí íntimamente al temor del inexorable paso del tiempo (y sus implacables consecuencias en nosotros), son condensados en un guión de poco más de 90 minutos, y empleados como el combustible que acelera y alimenta la llama del conflicto entre sus personajes atrapados en una situación desesperada, donde la posibilidad de un eventual escape parece a cada momento más improbable, y su prematuro y veloz envejecimiento -el cual parece llevar a los más adultos a un prematuro e inevitable deceso antes de ver otro amanecer-; hará a algunos de ellos sucumbir a las suspicacias, al miedo, al enojo y a la locura. Pero por otro lado, hará que otros pongan las cosas en una nueva perspectiva, haciendo aflorar lo mejor de ellos.

Otra conexión entre Viejos y Los huéspedes tiene que ver con su modelo de producción y su puesta en escena: en ambos casos, Shyamalan busca hacer una película más modesta y simple, apartándose de ostentosos diseños de producción y deslumbrantes efectos especiales, optando por un desarrollo más sencillo y artesanal. Así, mientras la segunda transcurre casi toda en los interiores de una acogedora casa, el 90% de la trama de la segunda tiene lugar en una soleada playa de ensueño, lugar donde, dicho sea de paso, parecería impensable que se ocultase algo siniestro.

Pero a diferencia de Los huéspedes que pareciese más una película hecha de forma casera (lo cual era a propósito, por ser parte fundamental de la trama en sí), Viejos si tiene un poco más de sofisticación en sus valores de producción, sobre todo en lo referente a diseño sonoro y el emplazamiento y movimientos de la cámara, los cuales en conjunto buscan crear una experiencia envolvente y presencial, donde el espectador sienta que también se encuentra en esa playa, como otro personaje más.

Desde luego, aquí no podía faltar la famosa vuelta de tuerca presente en el grueso de la obra de M. Night. Y aquí existen (al menos) dos: la primera de ellas (sin entrar en detalles) revela las razones por las cuales enviaron a los Cappa (entre muchos otros) a una muerte segura. Y dicha revelación sorprende e indigna por igual. Pero la segunda vuelta (un intento de introducir forzadamente al desenlace un elemento de “justicia”), resulta una innecesaria sobre explicación de ciertos eventos previos, haciendo que la conclusión del filme se alargue de más y pierda contundencia. En resumen, sale sobrando.

A pesar de este tropezón final, Viejos termina por funcionar bien como una montaña rusa de adrenalina y suspenso constante, la cual ofrece además varios momentos bastante inspirados, otros que mueven tanto a la sorpresa como a la reflexión, e incluso un par de instantes particularmente conmovedores. Ya el tiempo dirá si se vuelve o no uno de sus filmes más trascendentes.

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