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“Somos positivos, te deseo lo mejor a ti y a tus dos niñas”

Las filas en los quioscos COVID suelen exigir la aplicación de una mañana completa de filas, pero el resultado sale 20 minutos después de la toma de muestra… y muchos no esperan el temido diagnóstico cuando este se les da

“Somos positivos, te deseo lo mejor a ti y a tus dos niñas” | La Crónica de Hoy

Foto: Especial

“Me estuve cuidando todo el tiempo, no salía a fiestas y siempre usaba el cubre bocas, salía únicamente a comprar lo esencial y ahora tengo COVID”, comenta Raquel, apenas unos minutos después de haberse hecho la prueba para la detección de coronavirus.

En punto de las 7 de la mañana cientos de personas comenzaron a llegar a la explanada del Metro Pino Suárez para realizarse la prueba rápida de detección del SARS-CoV-2. Angustiados o despreocupados; muchos ansiosos, el comportamiento de los más de 100 ciudadanos creó un ambiente variopinto. Luego, a media mañana, comienzan los resultados.

Entre la multitud, una joven que mostraba preocupación en su rostro, por ratos chasqueaba dedos y, presa del miedo, sus ojos se ven vidriosos, mientras en voz baja y casi a punto de quebrarse repite “que voy a hacer, no me quiero morir”.

Raquel es madre soltera de 2 pequeñas, Angela y Mónica, sus “dos ángeles”. La joven asegura que no tiene más familia, por lo que es la única que atiende a su madre, quien ahora se encuentra convaleciente. Había perdido su trabajo después de que el local en el que era encargada se vio obligado a cerrar, aunque pensó que su suerte no podía empeorar más.

“Una de mis compañeras dio positivo, nos mandaron a todos a hacernos la prueba, no sé quién va a cuidar a mis hijas si algo me llega a pasar”, comenta con voz a punto del llanto.

La joven cuenta que antes de saber que su amiga tenía coronavirus, había convivido con ella, salían juntas a todos lados y hasta compartían la comida. “Hace 3 días estaba tomando de mi café y comía mis alimentos, ella es mi amiga y jamás pensé que podría ser portadora de COVID”, comenta preocupada.

La fila se hace cada vez más corta, un grito rompe entre la multitud: “Gracias a Dios, gracias a Dios”, decía un hombre que salió negativo en la prueba. 

“Tenemos que someterlo a otra prueba”, es lo que oye Elián se empezó a acelerar, pues no sabía por qué tenía que someterse a otra prueba. En la fila fue el hombre más confiado del mundo, aseguraba que siempre se ha cuidado para evitar el contagio. “Yo sólo salgo de mi casa al trabajo y viceversa, he salido un par de veces pero con muchas precauciones”, subraya. Sólo un cabo suelto: la chica con la que sale ocasionalmente… bueno, las chicas. 

Es evidente que Elián ya no sabe que pasar, le han dicho que su prueba se repite, pretextándole un increíble que ahora quieren muestra de la garganta. Para complicar más su estado de ánimo, Raquel está a escasos 2 metros de distancia, llorando. 

Los jóvenes coinciden en el área de espera apartados de los demás, Elian le pregunta a Raquel si está bien. “Me voy a morir, ¿quién va a cuidar a mi mamá y a mis hijas?”. 

Elián y Raquel no se volverán a ver, aunque ambos son desconocidos ahora comparten algo en común: “Número 124” grita una de las enfermeras y Elián se para confirmar que es portador del nuevo coronavirus.

Ambos jóvenes se despiden, “te deseo lo mejor”, le dice Elián a Raquel. La joven asiente débilmente y se retira en medio de la multitud.

Las horas pasaban y la fila comenzaba a hacerse más corta, las personas continuaban llegando y los despistados aparecen. 

“Me dijeron que aquí ponían la vacuna contra el COVID, mi comadre me dijo que viniera, porque con esta vacuna ya no te da coronavirus”, dice Irma, una vecina de la zona.

Otro urbanícola, un hombre, pasa entre las personas que esperan turno para realizarse la prueba COVID y pide que no se haga caso a las indicaciones, ya que el gobierno solo quiere controlarnos.

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