Opinión


Simone Biles: un corazón del tiempo

Simone Biles: un corazón del tiempo | La Crónica de Hoy

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El caso de Simone Biles, lo prefiguró para mí un correlato de la cuarta temporada de la serie Atypical. Los correlatos con poder condensador son sorprendentes porque se conectan con otros que forman el tejido de una buena obra. Los nodos de un buen correlato trascienden la narrativa que los posibilita porque se conectan con las fibras del melodrama al que llamamos con todo formalismo vida. En su cuarta temporada, uno muy definido lo desarrolló Casey Gardner, la hermana de Sam, interpretada por Brigette Lundy-Paine, quien realizó un trabajo estupendo al lado del equipo creador y técnico de la serie.

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El carácter de Casey es el de una adolescente sometida a muchas presiones. Lo que más le gusta a ella es correr. Pero eso que le permite triunfos, y sobre todo alegría, se convierte paulatinamente en parte de un sistema que la presiona de manera “políticamente correcta” (becas, ayuda de su pareja, su familia y de un ámbito social aparentemente propicio) hasta que en el capítulo séptimo del actual ciclo, en posición de salida en la pista, decide no emprender la carrera “importante” para su desarrollo atlético dejando en las gradas a su padre, su madre y muchos amigos incluido un ex novio, perplejos, y a ella misma en estado de shock; un estado de la mente que le ordena al cuerpo no sigas, tienes que procesar. El final del episodio puede condensarse así: tras el disparo que activa el reflejo paploviano, las largas y potentes piernas de esa máquina de velocidad y corazón rebelde, deciden no correr.

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La manera en la que Casey procesa y a la vez explica por qué se quedó sin salir de la pista, es brillante y simpática. A mí me ayudó a entender y valorar la decisión, in situ, de Simone Biles quien eligió de manera muy oportuna suspender algunas de sus participaciones en los juegos olímpicos de Tokio 2021 caracterizados por su acento atípico: sin público, en medio de una gran tensión psicológica producida por la pandemia. Desde luego que hasta después de la decisión de la atleta conocí algo de su vida, la afroestadunidense, en contraste con el personaje de la serie, tuvo unos primeros años de vida difíciles, con una madre que vivió en un entorno muy duro, luego fue acogida por sus abuelos y encontró un ambiente aparentemente más propicio, pero sumido en el duro mundo competitivo que entre algunos malos “productos” engendra personajes como Larry Nassar condenado por abuso sexual a varias gimnastas, entre ellas a Simone Biles.

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En el caso de la gimnasta estadunidense, como en el correlato de Casey Gardner, la pausa es necesaria, es casi obligado transitar del ritmo raudo al ritmo lento de la manera más rápida posible y mantener la lentitud, un ritmo de la vida necesario para mirar con más perspectiva al yo. En Atypical, Casey transitó del quiero hacer esto, correr, al no quiero hacerlo y después al sí pero en estas condiciones. Son pocos los atletas de alto rendimiento que pueden madurar o sopesar adecuadamente sus decisiones. Y la de Simone, aunque tomada en tiempo raudo, fue la correcta porque reflejó el rompimiento contra el estado de angustia de muchos jóvenes sometidos a presión: “Hay que proteger nuestra mente y nuestro cuerpo, en lugar de salir a hacer lo que el mundo quiere que hagamos”.

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Aunque resulte difícil creerlo, hubo críticas severas, burdas, emanadas del nacionalismo corporativo de suyo nefasto que exige el retorno de la inversión. Reacciones coléricas escasas en contraste con el apoyo de sus seguidores y de otro público que encontró ejemplar y madura la decisión.

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No soy fan de los deportes olímpicos en modo pandémico, pero entre los acercamientos que tuve con el tema me pareció relevante el punto de vista de Beatriz Pereyra en el programa de Julio Astillero quien empezó su participación con una reflexión a propósito de la pausa de Simone Biles. Gracias a ella hice un incipiente seguimiento que derivó en algo que tenía que ponderarse con más forma, por el diálogo me enteré también que algunas jugadoras alemanas se cansaron de la uniformidad y salieron a jugar con vestimentas a su gusto, un clavadista gay le dedicó la medalla de oro a su comunidad, y una serie de manifestaciones de los deportistas, cito con gusto a la periodista, “hablaron por los suyos”: Y sí, el comité olímpico internacional tiene que pensar que los deportistas no son robots ni el deporte un negocio de espectáculos, aunque muchos deportes y participantes abarquen el terreno de lo espectacular, generan sentimientos muy diversos que no se pueden encorsetar y mucho menos inducir.

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Si no hay un perfecto equilibrio entre mente y cuerpo, la gracia natural del espectáculo sencillamente no produce la chispa que activa muchas sensaciones en el atleta y su público. Pero si hay señales previas de estrés, en fotografías y videos con miradas de preocupación como las reflejadas por Simone en contraste con otras en las que luce radiante, hay que parar porque la posibilidad de tener una lección física oscila entre en 50 y un 70%, como lo comenta Margarita Cerviño psicóloga del COM. Y un alto margen de error en un ejercicio basado en fuerza y cálculo, puede abarcar varios grados de lesión o incluso ser fatal.

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En otro fragmento de video de CNN y tras parafrasear a no se qué corresponsal mexicano “muy conocido”, el conductor del programa le preguntó a Claudia Rivas, psicóloga del deporte, que si compartía la opinión de que si Simone Biles “es cristal es porque todos estamos rotos” y desde luego que Claudia Rivas, como Margarita Cerviño y Beatriz Pereyra, con diversos matices respondieron que no. Claudia lo dijo muy bien porque acaso sin proponérselo criticó también los estigmas con los que bautizamos a las generaciones: “Nuestra cultura no nos permite decir no. Una persona tiene derecho a cuidarse y es un síntoma de autoestima decir honestamente no puedo más”. Eso hizo Simone sin abandonar a su equipo. Ahora requiere un ritmo para procesarlo todo después de mostrarle al mundo la saludable rebeldía de su corazón.

dgfuentes@gmail.com

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