Opinión


Se acabó el camino rosa para Morena

Se acabó el camino rosa para Morena | La Crónica de Hoy

Tras la tragedia del Metro de la Ciudad de México, una ola de preocupación recorrió Palacio Nacional. Esa ola tiene que ver, por supuesto, con lo único que en estos momentos le interesa al Presidente de la República: los resultados de las elecciones intermedias. 

El interés central está en la posibilidad de repetir la mayoría calificada que ahora tiene en la Cámara de Diputados, y el miedo de perderla. El secundario, en la importancia de ganar el mayor número posible de gubernaturas y congresos locales en juego. De ambas cosas depende la posibilidad de hacer pasar en los próximos tres años las reformas constitucionales que permitan consolidar el poder del actual grupo gobernante.

El asunto es que las cosas, que hace apenas unos meses pintaban color de rosa (¿o será mejor decir color guinda?) para el partido del Presidente y su coalición, ahora ya están mostrando otro cariz, si hemos de atender a las encuestas. Y ese cariz se pone un poco más oscuro con la reacción social ante el terrible suceso en la estación Olivos.

De entrada, el presidente López Obrador ha considerado utilizar su popularidad para meterse en el pleito electoral, sin importar cuántas veces le llame el INE la atención. Pero al mismo tiempo, se ha encontrado con que, por un lado, esa popularidad ya no se traduce en la misma credibilidad y, por el otro, el perfil de sus simpatizantes está cambiando paulatinamente.

Si vemos cuál es la población que apoya sin reservas a López Obrador, encontraremos que no es la misma que hace tres años. AMLO ahora tiene más apoyo que antes entre las personas mayores de 55 años y menos apoyo entre los jóvenes. También es más favorecido que antes entre las personas con escolaridad de primaria o menos, mientras que ha perdido puntos entre gente con estudios de preparatoria y universidad. Sube en el campo y baja en las ciudades; sube en el Golfo, el sur y el sureste, mientras que baja en el centro-occidente y el noreste.

En otras palabras, la composición de las bases de López Obrador, aunque sigue siendo mayoritaria a nivel nacional, ya no es transversal en la sociedad, sino que se está pareciendo cada vez más a la que permitió por décadas al viejo PRI eternizarse en el poder.

Esto se refleja, al menos parcialmente, en las intenciones de voto por Morena y su coalición. Sigue fuerte en casi todo el noroeste y en el sur, no le va mal en el centro y sureste, pero está haciendo agua en el centro-occidente y noreste. Es una situación distinta a la de hace tres años, cuando la candidatura presidencial de López Obrador ganó en todas las entidades menos una. Y es muy parecida a la que solía tener el PRI, con la salvedad de que el tricolor estaba perdido en la Ciudad de México, y Morena no.

Hace meses se suponía que Morena y sus aliados se iban a llevar al menos 13 de las 15 gubernaturas en juego este 6 de junio. De acuerdo con las encuestas, tienen al menos tres perdidas, van atrás en otras tantas y están a tiro de piedra de la oposición en un par más. Esto, a su vez, implica que no le será sencillo a la coalición partidista encabezada por el partido en el gobierno hacerse de las legislaturas locales que requiere para hacer cambios exprés a la institucionalidad del país.

En la elección más importante de la jornada, que será la de diputados federales, las cosas apuntan a que Morena y aliados podrán mantener la mayoría. Pero -de nuevo, si no están erradas las encuestas que se han publicado- esa mayoría será simple. Y por lo tanto, insuficiente para cambiar por sí sola cualquier artículo de la Constitución.

La clave del asunto está en la decisión del INE, ratificada por el TEPJF, de obedecer el mandato constitucional que impide a los partidos tener una sobrerrepresentación que exceda por 8 por ciento su votación nacional. A López Obrador le salió por la culata el tiro de insultar a los magistrados y sugerir que eran corruptos, como manera de presión para que permitieran una simulación ilegal, y abrieran la puerta para que en San Lázaro se instalara una super mayoría artificial.

En esta campaña resulta por lo menos curioso que se maneja como si no existiera este acotamiento legal, que provocará que los partidos terminen siendo representados aproximadamente por el porcentaje que alcancen. Partidos y candidatos juegan a que nos movemos con el modelo estadunidense o británico, donde sólo cuenta quién gana cada distrito.

De Morena se entiende, porque lo que le interesa en tener amplia presencia en todo el territorio. De quien se entiende menos es de la oposición, y en particular de la alianza Va por México, que agrupa al PRI, PAN y PRD. Esa coalición, efectivamente, tiene que ganar los suficientes distritos como para evitar que Morena se agencie la mayoría por ese camino, y con sus aliados se acerque a la mayoría calificada. Pero, siendo honestos, es muy difícil que no lo haga: lo evitarán aún si les va tan mal como en 2018.

Para los partidos opositores lo relevante será el porcentaje que saque cada uno y el que obtengan en su conjunto. Pasando un cierto umbral de distritos ganados, eso importará más que cualquier otra cosa. Por eso es absurdo ese desgaste que traen, peleándose los unos con los otros. La coalición PAN-PRI-PRD, queriendo hacer pasar como aliados del gobierno a quienes han probado también ser opositores al lopezobradorismo (me refiero, específicamente a Movimiento Ciudadano). Y MC recordando diferencias y traiciones que se han hecho entre sí los partidos tradicionales. Pareciera que el verdadero adversario político no es Morena y que no se van a necesitar mutuamente en los años por venir.

Falta por ver varias cosas. Una es el efecto de la tragedia del Metro (y la poco empática reacción presidencial) en los ánimos electorales. No sabemos si será el famoso cisne negro (como lo fueron para Peña Nieto los 43 de Ayotzinapa y la Casa Blanca). Otra, si las encuestadoras están menos perdidas que hacer tres años.

Lo seguro es que, como todavía somos una democracia, no sabemos bien a bien cuáles serán los resultados electorales de la próxima cita ciudadana.

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