Opinión


Más rezago educativo

Más rezago educativo | La Crónica de Hoy

El cierre de las escuelas por la pandemia se interpretó en México como una decisión lógica y plenamente justificada. Se perdieron aproximadamente 217 clases presenciales. En otros países la pérdida fue menor, en Europa se perdieron, en promedio, 93, y en Estados Unidos, 46 (véase el artículo de De Hoyos, en Nexos del mes de junio de este año). Los directivos de la educación en Europa pensaron que cerrar las escuelas tendría daños irreparables en la formación de los alumnos.

En México no se pensó así: no puso en cuestión la clausura escolar por sus posibles efectos educativos.  Se cerraron las escuelas para prevenir la transmisión del virus Covid 19 y entre las autoridades nadie habló del riesgo de incrementar el rasgo educativo son esa medida. Eso no nos extraña dada la falta de convicción en nuestro Líder Máximo de que la educación es un mecanismo eficaz de movilidad social y el factor más importante del desarrollo nacional.

 

En la reapertura de las escuelas las auto5ridades actuaron con lentitud y de manera contradictoria y confusa. No se explica que otros sectores (bares, gimnasios, restaurantes) hayan abierto antes que las escuelas.

El efecto social del cierre de las escuelas durante un año y tres meses no debe ser minimizado: es un resultado desastroso y, en múltiples aspectos, imposible de evaluar. El costo es inconmensurable. En materia de aprendizajes, en 2018 los alumnos mexicanos estaban, según PISA, tres años más abajo que sus pares de los demás países pertenecientes a la OCDE. 

La prueba mexicana Planea de 2018 aplicada a alumnos de sexto año reveló que casi el 60% de ellos obtuvo calificaciones insuficientes en matemáticas y casi el 50% fue insuficiente en Lenguaje y Comunicación.

La clausura escolar afectó también aspectos cruciales de la maduración personal en sus dimensiones cognitiva, emocional y moral. Asimismo, obligó al confinamiento en los hogares lo cual acarreó sufrimientos y numerosos daños psicológicos entre los niños y los adolescentes.

Estas consecuencias afectaron de forma más aguda a las madres de familia y a los alumnos pertenecientes a las familias pobres. La CEPAL ha anticipado que la pandemia duplicará las desigualdades internas de los sistemas educativos y acarreará rezagos considerables.

Algunos maestros reaccionaron contra la medida arguyendo que correrían peligro al regresar a sus aulas. En respuesta, el presidente ordenó que los docentes fueran considerados como grupo prioritario en la vacunación. Aun así, entre el magisterio persiste el miedo. Rafael de Hoyos, en el artículo citado, afirma que ese miedo es infundado puestos que hoy se sabe que si se siguen protocolos muy sencillos los riesgos sanitarios disminuirían mucho.  

El regreso a las escuelas fue una decisión del presidente López Obrador, los declaró un mes antes de las elecciones. Dada su personalidad doble --siempre oculta sus verdaderas intenciones, aunque sabemos que vive obsesionado por la política entendida en su dimensión mezquina-- es difícil pensar que haya sido una iniciativa inocua y creemos que lo hizo para interrumpir la ola de críticas que estaba recibiendo y ganar el aplauso universal con una iniciativa bondadosa en sus términos. Pero fue una idea torpe. AMLO propuso la apertura de las escuelas para el 7 de junio, es decir, cuando solo faltaban algunas semanas para que concluyera el ciclo escolar.

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