Metrópoli


Marchó otra vez, pero ahora su agresor duerme en la cárcel

Es un caso donde el sistema legal se movió después de que ella, la víctima, se obstinara en no olvidarse de la agresión extrema que sufrió, en no dejarla allí, en no olvidarla y empujara hasta que por fin su caso fue procesado como violencia de género

Marchó otra vez, pero ahora su agresor duerme en la cárcel | La Crónica de Hoy

Cuando la juez le dijo que lo que había sufrido era equivalente a violentar su dignidad humana, Fabiola se sintió cobijada por la justicia. “Yo llevaba dos años diciéndolo, pero necesitaba escucharlo allí”, confesaría la mujer, arquitecta exitosa, que vivió con terror a que su agresor regresara. 
La juez le cedió la palabra en esa etapa inicial del juicio oral y entonces Fabiola pudo exponer sus miedos. Era un punto de inflexión en su vida: luego de más de un año de ser ignorada, de ir de uno a otro MP, reclamar, exigir que su caso no fuese congelado, por fin una mujer MP de la Fiscalía capitalina llevó el caso ante juzgado y una juez admitía analizar un expediente como caso de violencia de género. El agresor arribaría a esa cita con un despliegue de seguridad sobrado, probablemente fomentado por el hecho de que los MP, hasta ese momento, habían hecho lo que él quería. 
Fabiola narró en el juzgado la vida de incertidumbre en la que se habían tornado sus días después de aquella jornada de terror en la que sintiera que sus vías respiratorias eran bloqueadas por las manos del sujeto, de sentir que no podía escapar por el peso de agresor cayendo completo contra sus brazos. Aquel día Fabiola luchó por su vida, se zafó y huyó hasta alcanzar la azotea para brincar hacia una casa vecina.
Denunció, pero los ataques de angustia la llevaban a huir una y otra vez, a salir de su hogar para esconderse hasta que por fin sus familiares o amigos daban con ella. Debe ser difícil describir qué se siente estar a punto de ser asesinada. Es aún más difícil vivir esa sensación una y otra vez y remprender la huida otras tantas veces. “No vivía tranquila desde entonces”, señaló Fabiola. 
La juzgadora respondió que tenía muy clara su obligación de actuar con perspectiva de género en este caso y decidió que el agresor debía recibir prisión preventiva para garantizar la seguridad de la víctima en tanto se determinaba si se le vinculaba o no a proceso. El agresor recibió la noticia incrédulo y rompió a llorar. El punto de inflexión resultó así de dramático.
El pasado viernes, la misma juez decidió que había elementos para vincular a proceso al agresor, lo que significaba en automático que éste pasaría el periodo de ampliación de investigaciones, un mes, en las rejas.
“Puedo dormir tranquila, puedo llegar a mi casa y no andar mirando a todos lados con miedo”, diría este fin de semana Fabiola, previo a la marcha del Día Internacional de la Mujer. Un año antes había marchado para visibilizar su caso. Ahora, mientras ella marchaba, su agresor estaba siendo transferido de las áreas de observación penitenciaria a las de población carcelaria común, lo que significa que este varón ahora sí vivirá lo que es un reclusorio. Un asunto muy duro, pero que sigue con rigor el marco legal que se estableció para erradicar la violencia contra la mujer en México.
“No siento regocijo”, dice Fabiola este 8 de marzo, “la tención fue tardía, no se va a borrar el hecho de que no sólo yo viví angustiada, mis padres también”. 
Fabiola marchó entre las 20 mil que este domingo rompieron el confinamiento.  Hizo la ruta completa con un cartel en el que se identifica como sobreviviente de eso que hoy todos estamos aprendiendo que se llama Patriarcado y que se puede tornar criminal e impune en miles de casos.
–¿Qué vendrá ahora?  –se le pregunta a la arquitecta después de la marcha.
Se queda pensando durante una pausa larga hasta que finalmente responde: “Retomar mi vida”.

 

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