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Madero fue padrino de bodas de Emiliano Zapata, un lazo familiar que duró poco

Siempre me había llamado la atención la virulencia con que Zapata denunció a Madero en el Plan de Ayala, no entendía ese coraje y furia con la que lo atacaba, añade el historiador

Madero fue padrino de bodas de Emiliano Zapata, un lazo familiar que duró poco | La Crónica de Hoy

El historiador Felipe Ávila (Ciudad de México, 1958) narra un dato poco conocido sobre la vida de Emiliano Zapata: su padrino de bodas fue Francisco I. Madero. Eso sucedió en agosto de 1911. Meses después el lazo familiar se fracturó cuando el ejército federal intentó apresar Zapata. El resultado: la publicación del Plan de Ayala, es decir, un llamado para derrocar al gobierno de Madero.

Dicho episodio es contado por el actual director del Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México (INEHRM) en el libro Las compañeras de Zapata, donde Ávila recupera testimonios de las mujeres que vivieron con el jefe revolucionario.  

“Sabía que Zapata y Madero habían sido amigos, compañeros de armas y que habían tenido un desencuentro en otoño de 1911 porque cuando Madero ya había triunfado y había logrado la renuncia de Porfirio Díaz, pactó la desaparición del ejército revolucionario, la convocatoria de nuevas elecciones y que todos los jefes maderistas como Zapata se desarmaran y regresaran a sus casas”, platica.

Zapata puso sus condiciones para el desarme en una entrevista con Madero en Morelos: que los pueblos recuperaran sus tierras. Madero le pidió paciencia a que tomara posesión como presidente de la República, lo cual ocurrió el 6 de noviembre de 1911.

“Hubo una especie de traición por parte del presidente interino, Francisco León de la Barra, y de uno de los más importantes jefes militares del Ejército Federal, Victoriano Huerta, ya que en plenas negociaciones entre Zapata y Madero, hicieron movimientos militares para apresar a Zapata”, detalla.

El Caudillo del Sur supuso dos cosas: que Madero no tenía control sobre el presidente interino ni sobre el ejército o que Madero formaba parte de ese engaño. “Zapata se quedó con esa última impresión, proclamó el Plan de Ayala y llamó a derrocar a Madero”, relata el historiador.

 Siempre me había llamado la atención la virulencia con que Zapata denunció a Madero en el Plan de Ayala, no entendía ese coraje y furia con la que lo atacaba, añade Ávila.

 “Lo había entendido como una traición política, pero con el libro me di cuenta que había una relación más familiar. Cuando Zapata se casó con Josefa Espejo, en agosto de 1911, era justamente cuando Madero había ido a Cuernavaca y Cuautla a platicar con Zapata; entonces aprovechando que estaba ahí, Zapata le pidió que fuera su padrino de bodas”, narra.

Para Zapata no solamente lo había traicionado el presidente de la República y el jefe de la Revolución, también su padrino. “Por eso creo que el Plan de Ayala es tan profundamente anti maderista, por el agravio personal”, afirma el autor.

LA MÁS QUERIDA. En el libro editado por Crítica, Felipe Ávila ofrece un nuevo acercamiento a Emiliano Zapata, poder mirarlo como un ser humano, esposo, amante y padre de familia, a través de los testimonios de algunas mujeres que compartieron su vida con el Caudillo del Sur.

“Zapata fue un personaje que tuvo muchas mujeres incluso desde antes de ser famoso. De las mujeres que reclamaron sus derechos después de que fue asesinado y que fueron reconocidas como compañeras de Zapata, sabemos de 10 mujeres y de 15 hijos”, detalla el autor.

 Ávila asegura que de todas las mujeres del revolucionario a la que más cariño le tuvo fue a Gregoria “Goyita” Zúñiga, una adolescente que raptó.

“A ella trajo cuando el zapatismo tomó la Ciudad de México junto con la División del Norte, de Francisco Villa, a pesar de que estaba casado con Josefa Espejo, su única esposa legitima y de la cual nunca se divorció. Y trajo también a su hijo mayor Nicolás que tenía 10 años y que no era ni hijo de Josefa ni de Goyita, sino de su primera compañera de la que se había separado antes de entrar a la Revolución”, platica.

 Gregoria fue la persona con quien Zapata pasó su última tarde-noche antes de que lo asesinaran en Chinameca, Morelos, en 1919.

“Tenemos la fortuna de escuchar la grabación de la entrevista que le hicieron a Goyita, en 1973, los investigadores del INAH: Carlos Barreto y Laura Espejel, quienes entrevistaron a más de 200 veteranos y veteranas zapatistas. La grabación de Goyita es de un enorme valor histórico porque tiene una gran memoria y una enorme capacidad evocativa, parece que vuelve a vivir los acontecimientos porque los cuenta con muchos detalles”, indica Ávila.

En el libro, el historiador también menciona a Inés Alfaro Aguilar, quien fue madre del primer hijo de Zapata: Nicolás. Hay otro capítulo dedicado a Josefa Espejo, única esposa del Caudillo del Sur y con quien tuvo dos hijos: Felipe y Josefa, niños que fallecieron prematuramente, él a los 5 años por una mordida de víbora de cascabel y ella a los 3 años por una picadura de alacrán.

 “Murieron pequeños por las dificultades de la vida de los zapatistas, por piquete de víboras y alacrán, por la desnutrición, por no tener medicinas, por no tener comida ni alojamiento, estaban a salto de mata. No sobrevivió ningún descendiente de este matrimonio”, señala el autor.

En el libro también se incluye la vida de Petra Portillo con quien Zapata tuvo una hija de nombre Ana María, quien narró que el jefe revolucionario raptó a su mamá en 1914. Años más tarde, Ana María fue la creadora de la asociación de viudas, madres, hijas y hermanas de veteranos zapatistas caídos en la Revolución.

RAPTO DE MUJERES. Otro tema que Ávila menciona en Las compañeras de Zapata es el rapto de mujeres de parte de los zapatistas, jóvenes que se convertían en acompañantes y esposas de los revolucionarios.

“El rapto de mujeres siempre ha existido en nuestra historia, es una muestra permanente y cruda del machismo de la historia de México. Sin embargo, los testimonios que tenemos es que esta práctica se agudizó durante la Revolución porque la Revolución provocó la desaparición del Estado como tal, de las instituciones, de la policía, de los rurales y de la fuerza pública”, indica Ávila.

Un fenómeno que apareció desde las primeras semanas del movimiento armado fueron las fuerzas de los ejércitos armados, por tanto, no había ley que se respetara, gobernaba la ley del más fuerte, añade el historiador.

Por último, Ávila comenta que la vida cotidiana durante la Revolución Mexicana es poco estudiada a pesar de que hoy se conservan muchos testimonios, documentos, cartas e historia oral.

“En una guerra no sólo hay combatientes de un lado y otro, también hay familias que están detrás de esos soldados, eran hombres y mujeres que siempre que podían regresaban a ver a sus familias, tenían padres, hermanos e hijos y no se olvidaban de ellos”.

Zapata más humano. El autor asegura que las voces de las compañeras de Zapata muestran a un Zapata más humano porque a pesar de que es un personaje de quien se han escrito infinidad de artículos, libros e incluso películas, poco se sabe de su vida en familia.

“Me gustaría que hubiera más trabajo sobre la historia de las mujeres. Creo que el movimiento feminista ha tenido buenos resultados en el rescate de la voz y mirada femenina en la historia de México”, indica.

 

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