Opinión


Lo que perdió AMLO

Lo que perdió AMLO | La Crónica de Hoy

Las elecciones del 6 de junio fueron, primero que nada, un triunfo del Instituto Nacional Electoral. El INE organizó a la ciudadanía y preparó la logística que hizo posible el milagro –inconmensurable-- de que más de 45 millones de mexicanos pudieron votar en orden y en paz para elegir a sus representantes.

La beligerancia del presidente con el INE es injusta. El INE hizo posible su triunfo en 2018. Es un falso del presidente decir que en 2006 el INE consumó un fraude para robarle la presidencia de la república. Todos lo recordamos: en la calle AMLO reclamaba “voto, por voto, casilla por casilla” pero nunca acudió a las instancias judiciales exigir el recuento total de las actas y de los votos.

Lo que logró a la postre con esa denuncia de fraude fue poner en duda la imparcialidad de las autoridades electorales y, en última instancia, disminuir el prestigio de las elecciones y de la democracia. Hacer eso cuando la democracia apenas da sus primeros pasos es un crimen y es dañar la convivencia.

El sistema electoral de 2006 era el mismo que en 2018 y 2021. En todos los casos somos los ciudadanos quienes participamos en la organización de las casillas y en el conteo de los votos. Todo se hace a la luz del día, sin opacidades o trucos, como se daban en el antiguo sistema político autoritario.

En estas circunstancias, hablar de fraude es una ofensa a la honestidad y dignidad de los ciudadanos. El INE somos todos. Si el presidente insiste en su intención de desaparecer a este organismo, habrá sin duda una respuesta enérgica de todos los que hemos vivido, por experiencia propia, la organización electoral. 

El ejercicio electoral del 6 de junio fue revelador en muchos aspectos. Arrojó evidencias de que una parte significativa de la sociedad mexicana ha dicho basta a los excesos y desaguisados del gobierno caciquil y desorbitado de AMLO, este hecho se manifestó claramente en todo el país, pero con mayor fuerza en los resultados electorales de la Ciudad de México.

La derrota más sensible de AMLO fue en la gran urbe. Es falso decir, como lo hizo AMLO, que la votación contra Morena en la Ciudad de México fue producto de una manipulación o del efecto de un juego sucio de sus adversarios.

No. La Ciudad de México es la sede de una extensa clase media ilustrada, el contingente social con mayor sensibilidad democrática. Las derrotas de Morena en la capital no son, por lo mismo, irrelevantes. Por el contrario, representan el giro de una voluntad política que apoyó al presidente hace tres años y que hoy, desengañada, decidió abandonar su causa.  

El pueblo no es tonto, lo dice acertadamente el presidente López Obrador. Las masas pueden ser manipuladas y engañadas, pero los juegos de artificio que las obnubilan desaparecen en la medida en que la experiencia, la vida real, les enseña que han sido engañadas. Así es la historia. Nada dura eternamente, y las elecciones del 6 de junio nos anuncian que estamos cerca del momento en que habremos de decir la comedia et finita.

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