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Las personas somos imperfectas, pero siempre hay esperanza: David Bowles

El escritor estadunidense presenta su reciente libro "Serpiente emplumada, corazón del cielo"

Las personas somos  imperfectas, pero siempre hay esperanza: David Bowles | La Crónica de Hoy

Después de cuatro intentos fallidos, el dios Serpiente Emplumada se dirigió a la Divina Madre para insistir en que volvieran a crear seres humanos, ella aceptó la propuesta sólo que Serpiente Emplumada debía bajar al Reino de los Muertos para reunir, con permiso de los dioses del inframundo, los huesos de los humanos muertos en las eras anteriores.

Así es el inicio del Quinto Sol, la era de la creación humana, que narra David Bowles (Estados Unidos, 1970) en el libro Serpiente emplumada, corazón del cielo, editado por Grijalbo, donde cuenta la historia del origen del mundo con los gemelos creadores: Quetzalcóatl y Tezcatlipoca, la llegada de los conquistadores españoles a México, la caída de la ciudad de Tenochtitlan y la defensa indígena hecha por Eréndira, Malinalli y Citlali.

“Con los previos cuatro intentos fallidos había muchos huesos en el inframundo de seres que habían pasado por ahí antes de que se liberaran sus almas y poder seguir con la vida en el más allá. Cuando los dioses entendieron que había que crear nuevos seres humanos la forma que se les ocurrió fue: tomar los huesos existentes y formar nuevos seres humanos”, comenta Bowles.

 Quien tiene esa misión es Quetzalcóatl, añade el autor. “Él reta al Dios del Inframundo, es perseguido por los siervos de Mictlantecuhtli y cae en una trampa donde los huesos se rompen en cachitos, entonces tiene que llevarlos con la madre de los dioses: Cihuacóatl, quien le dice que todo lo roto se puede reparar y antes de ser enteros tenemos que ser rotos, todos tenemos que rompernos”.

Esa metáfora representa para Bowles la idea de que las personas somos imperfectas, pero siempre hay una esperanza. “La imperfección no tiene que ser nuestro destino, podemos encontrar nuevas formas de ser. Cihuacóatl toma los huesos rotos, los quebranta más, los muele y los dioses mezclan ahí la sangre para crear a los humanos”.

 Los humanos están hechos a semejanza de los dioses porque ellos pusieron su sangre y otros dioses se sacrificaron para volverse Sol y Luna, indica el autor.

 

“Mucha gente encuentra el uso de la sangre y los sacrificios en Mesoamérica como algo que no pueden aguantar pero cuando empiezas a examinar desde la perspectiva indígena eso tiene mucho sentido. Si los dioses se sacrificaron para que hubiera Sol, Luna y para ponerlos en movimiento y para que hubiera seres humanos, entonces los seres humanos tenemos una obligación y un deber de derramar nuestras sangre para contribuir a la renovación del universo”, explica.

¿Por qué plantear a Quetzalcóatl con un amor incondicional hacia el hombre? Porque representa el orden y la creación, él es el dios que entiende la necesidad de la destrucción pero promueve la creación, instruye el calendario, cuida a los seres humanos, les enseña a cultivar, a entender las temporadas y los ciclos del universo… todo eso es amor hacia el ser humano.

“El ser humano es una réplica de los dioses, un ser que es capaz de comprender y ayudar en este acto de continuación, de renovación continua del universo a través de sacrificios y diferentes cosas. Por eso creo que al llegar los españoles y otros europeos a Mesoamérica se identificaron más con Quetzalcóatl porque tenía similitud con el dios cristiano”, responde.

 Bowles dedica varias páginas a tres figuras femeninas indígenas: Eréndira, la guerrera purépecha que luchó contra los españoles; Citlali, hija del último gobernante xochimilca; y la traductora Malinalli.

“Los españoles se asustaron con el poder que tenían las mujeres en sus comunidades, el respeto con que las trataban y con el hecho de que la mujer podía ser dueña de terrenos, trabajar en diferentes negocios que en España no hubiera sido posible”, señala.

MUJERES HISTÓRICAS. David Bowles es académico de la Universidad de Texas Río Grande Valley y comenta que las mujeres han sido borradas de la historia desde la conquista de México y por la quema de libros que hubo en el siglo XVI.

“Pero en las últimas décadas los antropólogos han sacado a relucir más el papel de la mujer. Las sociedades mesoamericanas no eran sociedades matriarcales, eran reinos patriarcales, pero retomo a estas mujeres para que las niñas que quieran ser historiadoras, antropólogas o escritoras puedan inspirarse en estas figuras que hicieron grandes cambios”, indica.

 

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