Escenario


“La llorona”, el terror como herramienta narrativa para hablar de la memoria histórica

Entrevista. El más reciente filme de Jayro Bustamante cierra la trilogía de los insultos en Guatemala: racismo indígena, la homosexualidad y el “comunismo”

“La llorona”, el terror como herramienta narrativa para hablar de la memoria histórica | La Crónica de Hoy

Foto: (Cortesía Cine Canibal) La llorona llegó a ser nominada a los Globos de Oro a la Mejor Película Extranjera.

En la última década, el cineasta guatemalteco Jayro Bustamante se ha convertido en un cineasta a seguir gracias a sus películas que se han convertido en elegantes y poderosas expresiones de desahogo, rabia y furia de las afecciones sociales de la historia de su país. Es así como ha realizado tres filmes que se conocen como la trilogía del desprecio con los que busca reflexionar sobre los que considera son los tres mayores insultos que hay en Guatemala.

En Ixcanul, su ópera prima, se centraba en el racismo en contra de los indígenas, “en un país donde más del 60% de la población es indígena, y eso queda claro en la calle”. El segundo insulto lo abordó en Temblores, en la homosexualidad, una opción sexual que en Guatemala es un verdadero estigma, “para mí, la homofobia está directamente ligada al machismo”, y en su filme lo aborda desde la influencia de la iglesia evangelista.

Ahora está La Llorona que gira alrededor de la palabra comunista y que en muchos sectores sociales y políticos de Guatemala, según explica Jayro Bustamante, todo aquel que defiende los derechos humanos es acusado de ser comunista: “Comunista no tiene en Guatemala un significado político, sino que denomina a cualquiera que se preocupe por los derechos humanos”.

“Creo que el insulto comunista que es el más difícil de escribir, lo que me parece fantástico, desde el punto de vista maquiavélico, es que es una estrategia política completamente, se trata de usar el miedo para hacerte creer que el enemigo es aquel que quiere el cambio”, expresó el cineasta Jayro Bustamante, en entrevista con Crónica Escenario a propósito del estreno este fin de semana de La llorona en salas comerciales de nuestro país.

“Estratégicamente y militarmente está bien construido, porque neuro científicamente el cerebro siempre tiene dificultades para los cambios, nuestro cerebro está siempre buscando conservar lo que ya existe para no hacer más esfuerzos y cuando los políticos se dan cuenta de esto y deciden que las cosas no van a cambiar, y construyen la realidad como lo desean es cuando empiezan a meter el miedo, que es uno de los sentimientos a los que más rápido acceso tiene el ser humano”, continuó.

En su filme apela a la psique y a una exploración de géneros poco usuales como el terror para reflexionar sobre la tragedia guatemalteca de la dictadura de Efraín Ríos Montt: “Te empiezan a decir que si tú cambias algo en bien de otra persona, tu país se va a convertir en Venezuela, es una cosa muy loca pero fácil de ser aceptada por los demás. Cuando comienzas a luchar por los derechos humanos, te dicen ‘Venezuela’; si luchas por los derechos de los otros, ‘Venezuela’ y así una cadena”, contó.

“Te comienzan a preguntar por qué si estás haciendo esfuerzos por la sociedad el otro no hace esfuerzos y a ti te toca hacer el trabajo del otro. Eso es muy fácil de comprar porque el cerebro es perezoso y no quiere hacer el trabajo de otro”, continuó el realizador quien cerró con su conexión de esta reflexión hacia el filme.

“Lo que pasa en ese sentido es que te quitan la empatía y cuando no tienes empatía, eres completamente manipulable. Desde esa lección le entramos a La llorona, para hablar de cómo un país puede, voluntariamente, negar un genocidio y de esa manera pensar que el sufrimiento de los pueblos indígenas es menos importante que el sufrimiento de los pueblos mestizos. Si ese genocidio hubiese sucedido en la ‘Guay-temala’ (juego de palabras que se refiere a la élite económica), ya lo estarían pagando los culpables, es más, nunca hubiera sucedido el genocidio”, agregó.

LA LEYENDA COMO UN ENGAÑO PARA UNA REFLEXIÓN PROFUNDA

Con las palabras “si lloras, te mato” resonando aún en sus oídos, Alma y sus hijos fueron asesinados en el conflicto armado de Guatemala. Treinta años después, se abre una causa penal contra Enrique Monteverde, un general retirado que estuvo al frente del genocidio. Pero el juicio donde es condenado es declarado nulo y él es absuelto. Entonces, el espíritu de “La Llorona” se libera para vagar por el mundo como un alma perdida entre los vivos.. Por las noches, el ex-militar comienza a escucharla llorar, y su mujer y su hija creen que está sufriendo accesos de demencia senil.

De esto va el filme de Jayro Bustamante, quien nos cuenta de la propuesta creativa por usar a la leyenda como una herramienta narrativa: “Hicimos una investigación y nos dimos cuenta de que los guatemaltecos consumen películas de horror y de superhéroes más que de cualquier otro género. La leyenda me daba la facilidad de entrar al espectador. La idea era meter en un paquete más fácil de digerir, un tema que la gente no quiere tocar. Entonces la idea fue disfrazar el mensaje, para que la gente lo pudiera ver”, dijo.

“Eso implicaba disfrazarlo desde todos los puntos de vista como el irse al género del horror, irse a una estética completamente preciosista, desde hablar del tema desde un realismo mágico, porque, de alguna manera las leyendas te des responsabilizan un poco hasta que llega la moraleja al final y ahí te hacen partícipes. La intención era engañar a la audiencia para que cuando la moraleja llegara ya estuvieran lo suficientemente enganchados con la película para no salirse de ella”, agregó.

GUATEMALA LA RECIBIÓ ENTRE CONTRADICCIONES

La llorona ha sido multi nominado para los Premios Platino que se entregan a lo Mejor del Cine Iberoamericano y en la temporada de premios de Hollywood también figuró alcanzando una nominación a los Globos de Oro en la categoría de Mejor Película Extranjera. Cuando la gente de su país pudo ver el filme, se despertó una serie de reacciones diversas.

“Es complejo porque salimos a salas antes de la pandemia, la película se detuvo en su distribución y lo que quedó de la película fue el impacto de los premios que se iba ganando. Eso sirvió porque la película se hizo famosa por todos los reconocimientos internacionales, entonces la gente empezó a quererla antes de haberla visto”, comentó Jayro.

“Luego de la pandemia volvimos a salir en salas por dos meses. Nosotros tenemos un grupo de gente que nos sigue que es un sector disidente y progresista, pero también hay otro grupo que son los reaccionarios que no nos quieren pero que ‘buscan’ el progreso, la farándula y el glamour que el cine produce”, explicó.

“Entonces la película se movió entre esa bipolaridad: la que aplaude a María Mercedes porque es una indígena que ha salido adelante, pero no pasa del aplauso, no hablan del tema; quieren la foto con ella pero no profundizar en las heridas históricas, pero en el fondo creo que la reflexión se hace en la intimidad y es lo que estamos buscando”, señaló.

NECESIDAD DE SANAR LA MEMORIA HISTÓRICA

Y es que para Jayro es importante que la película tenga una resonancia en la sociedad guatemalteca para aprender a sanar de la memoria histórica las heridas del genosidio de las comunidades mayas. Para él, el cine es una forma de continuar el diálogo hasta que los responsables den la cara: 

“Una vez que no asumas la responsabilidad y que tú no presentes disculpas, si es que se pueden dar frente a un acto así, y una vez que tú no hagas un resarcimiento social, las heridas no se pueden sanar. Es cierto que hay políticas de resarcimiento, pero están inundadas de la voz que niega el genocidio, entonces si yo te niego a ti tu sufrimiento, lo único que hago es incrementarlo”, enfatizó.

“Hasta que Guatemala no acepte sus errores y diga: ‘Cometimos estos actos, presentamos estas disculpas y no lo volveremos a hacer’, el verdadero trabajo de sanación no va a empezar”, agregó.

¿Basta la disculpa? Fue la siguiente pregunta: “Hay que entender que todo es paso a paso. La disculpa no quita el dolor, pero el rechazar pedir disculpas lo incrementa. Desde ese punto de vista una cosa es vivir con tu dolor y otra cosa es que alguien negándolo te haga sentir más y más sufrimiento. Otra cosa es que se diga que todos estos pueblos merecían morir porque eran comunistas, incluso las mujeres embarazadas o los niños, eso es mucho peor a que alguien te pida disculpas bajo las acciones políticas”, dijo.

EL PANORAMA DE LA COMUNIDAD ARTÍSTICA 

Para él como cineasta es importante porque la comunidad artística de Guatemala también fue duramente castigada por el régimen militar: “Vivimos casi 40 años bajo un régimen de miedo total, en el que los primeros que desaparecían eran los que se atrevían a hablar. Creo que, si bien la firma de la paz fue toda una estrategia política, de alguna manera, a generaciones como la mía que nacimos bajo la guerra y vivimos la guerra, nos dio la libertad de hablar y creo que los aliados internacionales nos ayudaron a esto porque el cine de Guatemala se está haciendo con pura gente que se fue a otro lado a estudiar cine y regresó”, comentó.

“Nuestras escuelas de cine, si es que se les puede llamar así, también están formadas por gente que se fue y regresó. De alguna manera, ese miedo que le perdimos nosotros a hablar del genocidio ha hecho que en el arte muchas cosas crezcan. Tenemos qué imaginarnos que durante 40 años Guatemala no producía arte porque todo aquel que hacía algo se moría”, continuó.

“Y lo que se produjo desde la literatura, la pintura o la escultura, se hizo por guatemaltecos viviendo en exilio, especialmente de México que fue uno de los grandes aliados para los exiliados. Incluso nuestro premio Nobel de la Paz tuvo que exiliarse en México para poder vivir”, complementó.

Actualmente la represión no ha parado pero se ha modificado: “Ahora que hay una nueva manera de ataque, porque, no digo que no pase, pero ya no es directamente a de que si hablas te desaparezco, se ha convertido ahora a que si hablas te desacredito. De alguna manera eso ha permitido que, aunque nos desacrediten, las voces existan”, dijo.

EN BUSCA DE TENER SU PROPIA INDUSTRIA

Finalmente, cabe decir que en la actualidad su cine junto con el de otros realizadores como César Díaz que destacó con Nuestras madres, están abriendo camino para una nueva generación de realizadores, es por eso que su propósito va más allá de sus propias películas: 

“Estamos desarrollando muchos proyectos desde nuestra empresa para poder atraer la inversión a Guatemala, porque nosotros no tenemos ningún fondo de apoyo ni ayuda de impuestos para que las películas se puedan hacer acá. Es decir, si quieres hacer una película es hipotecando tu casa o pidiéndole dinero a tu mamá. La idea es empezar a convencer a la gente que también somos una alternativa para filmar en el país luego de la visibilización internacional”, dijo.

“Con eso buscamos la creación de la industria, que no solo es importante desde la iniciativa de la creación del arte y trabajos, sino también es importante desde la creación de íconos que hablen desde la cultura. Sería muy difícil entender a un mexicano entender un país en el que no hay íconos culturales que se expresen, ustedes tienen muchos, para nosotros, todos aquellos que tienen voz son íconos políticos, incluyéndome habremos tres pero no más”, concluyó.

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