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La Corte Suprema de EU no es tan conservadora como parecía… por ahora

El tribunal maniobra para salvar su credibilidad gracias a Barrett y Kavanaugh, y frente a la supuesta mayoría conservadora de 6-3, se habla ya de un balance “3-3-3”. Sin embargo, la próxima decisión sobre el aborto será clave.

La Corte Suprema de EU no es tan conservadora como parecía… por ahora | La Crónica de Hoy

El presidente de la corte, John Roberts (izquierda), junto a la libera Elena Kagan y los nominados por Trump Neil Gorsuch y Brett Kavanaugh, en el Congreso de EU en febrero de 2019 (EFE / Pool).

El fallo de la Corte Suprema de Estados Unidos sobre el recurso de inconstitucionalidad presentado por 17 estados con gobiernos republicanos contra Obamacare se esperaba con alto interés en el país. Esta era la tercera vez que el alto tribunal debía pronunciarse sobre el plan sanitario aprobado por el expresidente Barack Obama; en las dos anteriores ocasiones, la corte había decidido avalar el plan y negar las demandas de los republicanos.

Sin embargo, esta vez había algo diferente: La composición de la corte ha cambiado, y tras la muerte de la ícono progresista Ruth Bader Ginsburg en septiembre de 2020, y su apresurado reemplazo por la ultraconservadora Amy Coney Barrett justo antes de las elecciones presidenciales, de los nueve magistrados del tribunal, seis son conservadores. Pero eso era sobre el papel, y la Corte Suprema de nuevo avaló el Obamacare.

Y no solo eso, sino que lo hizo por un arrollador resultado de 7 votos favorables y solo 2 en contra, los del juez Samuel Alito, el más ultraconservador del elenco, nominado por el expresidente George W. Bush en 2005, y el de Neil Gorsuch, el primero de los tres jueces nominados por el expresidente Donald Trump, en 2017.

El fallo, que rechazó el recurso de inconstitucionalidad republicano por carecer de fundamentos, pone de manifiesto las maniobras del presidente de la corte, John Roberts –también nominado por Bush hijo en 2005— para mantener la credibilidad de la entidad, tras las feroces críticas demócratas a raíz del juego sucio republicano para colocar a Barrett, una ferviente católica con seis hijos, como reemplazo de Ginsburg cuando el proceso electoral ya había comenzado. Roberts, un conservador, lleva años ejerciendo de líder de la corte no solo nominalmente, sino demostrándolo en fallos, ejerciendo de voto bisagra en muchas ocasiones, para balancear las fuerzas en una composición del tribunal que a menudo es de 5 a 4, sea en favor de los liberales, hace años, o de los conservadores, hasta la muerte de la también apodada Notorious RBG.

EQUILIBRIOS DE CREDIBILIDAD

Las maniobras de Roberts buscan, por encima de todo, mantener la credibilidad de la corte y tratar de construir consensos. Un buen ejemplo de ello fue el fallo sobre Obamacare, con un fundamento eminentemente liberal, como demuestra que Roberts encargara la redacción del texto al veteranísimo liberal Stephen Breyer, de 82 años.

Pero también lo fue, el mismo día, el fallo de la corte sobre derechos religiosos. El tribunal traía entre manos una demanda de un grupo cristiano de Filadelfia que reclamaba mayores y fáciles exenciones sobre mandatos oficiales contra la discriminación del colectivo LGTB+, a raíz de un dictamen estatal que prohibía a organizaciones privados que reciban fondos públicos, como era su caso, discriminar a integrantes del colectivo.

La Corte Suprema terminó fallando que la libertad religiosa prevalece sobre algunas disposiciones estatales, pero mantuvo la doctrina existente y rechazó conceder a estas mayores libertades para discriminar. La votación se resolvió por unanimidad, con los tres jueces liberales (Breyer, Elena Kagan y Sonia Sotomayor) respaldando la posición de consenso liderada por Roberts.

KAVANAUGH Y BARRETT, CLAVES

No es el primer caso en el ejercicio actual de la corte, que concluye este mes, en que los liberales respaldan posiciones conservadoras de Roberts, pero también se está dibujando un escenario en que jueces conservadores nominados por Trump están dispuestos a respaldar fallos liberales. Es el caso, concretamente, de Brett Kavanaugh, el juez acusado de agresión sexual durante su proceso de confirmación en 2018, y de la última en llegar, Amy Coney Barrett. No así Gorsuch, quien se está demostrando de perfil ultraconservador.

De esta manera, parece que Roberts ha conseguido fragmentar la corte en una división mucho más equilibrada a la supuesta, que pasaría del 6-3 en favor de los conservadores, a un 3-3-3, en que él mismo, Kavanaugh y Barrett parecen formar un grupo de centroderecha dispuesto a respaldar opiniones liberales a cambio de reclutar a los jueces progresistas en otros casos de mayorías conservadoras moderadas, y aislando de manera efectiva a los tres ultraconservadores, Thomas, Alito y Gorsuch.

EL DERECHO AL ABORTO, EL GRAN RETO

Sin embargo, este calculado pero delicado equilibrio de fuerzas puede tambalearse rápidamente en las próximas semanas, pues se acercan los fallos sobre dos grandes asuntos: El caso del derecho a voto en Arizona, que se presume divisorio, y, más importante aún, el recurso de jueces progresistas contra leyes antiabortistas en varios estados republicanos, que se presentaron en 2019 justamente con la retorcida intención de que terminaran debatiéndose en la Corte Suprema para dar a esta la oportunidad de contradecir el famoso fallo de 1973 de Roe v. Wade, que en la práctica legalizó el aborto en Estados Unidos.

Estará por ver si Roberts logra, o quiere, reclutar una mayoría moderada que falle para salvar los derechos reproductivos de las mujeres en la primera potencia Occidental. Si quiere, cuanto menos necesitará reclutar a Kavanaugh para mantener una mayoría de cinco, pero más difícil será que ocurra con Barrett, que dijo una vez en un discurso ante estudiantes que su misión como juez era "implantar el Reino de Dios en la Tierra".

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