Opinión


Ideas para reformar a los partidos (I)

Ideas para reformar a los partidos (I) | La Crónica de Hoy

Una consecuencia relevante del pasado proceso electoral fue la manifestación de un poderoso reclamo ciudadano para transformar desde sus cimientos, a los partidos políticos tradicionales. El voto de confianza que recibieron en distintas regiones del país debe interpretarse como un mandato de renovación.

Esto es importante porque presenciamos un declive de los partidos como organizaciones, como objetos de lealtad de los ciudadanos, como movilizadores de votos y como actores clave de la política democrática. La urgencia del cambio se debe a que los partidos convencionales producen ciudadanos que desdeñan la política, configurando una sociedad del descontento que frecuentemente se convierte en la base electoral de los regímenes populistas.

Desde el lejano 1742 cuando David Hume formuló la primera distinción analítica entre partidos y facciones, y hasta nuestros días, los partidos políticos han sido considerados una proyección representativa de la sociedad civil que refleja la estratificación social, la diversidad de estatus en acceso al espacio público y la estructura de solidaridad presente en la comunidad política.

Además, los tres modelos típicos de organización partidista que conoció el siglo XX están en crisis: el partido de élite, el partido de masas y el partido “atrapa todo”. Es una crisis que afecta a las estructuras de agregación política de los intereses sociales en cuanto organización de afiliados, estructura burocrática y vínculo con las instituciones del Estado.

Derivado de los procesos de secularización y modernización experimentados por la sociedad mexicana que se manifiestan como expansión de las clases medias, mayor escolaridad y cultura cívica, acceso a fuentes alternativas de información, nuevas agendas políticas por parte de minorías, desarrollo de formas inéditas de acción colectiva, así como la aparición —principalmente entre los jóvenes— de un conjunto de valores postmaterialistas que se contraponen a las viejas ideologías, se puede observar un consistente alejamiento ciudadano de la política partidaria que se caracteriza por la desconfianza, el escepticismo, la desilusión y el resentimiento.

Esta podría ser la explicación del porqué en los pasados comicios más de 44 millones de ciudadanos se abstuvieron de ir a votar o asistieron solamente para anular su voto. El hecho de que los partidos estén perdiendo el vínculo fuerte y auténtico con su electorado e incluso con sus militantes, es una muestra de ello.

Los partidos tradicionales han pasado de tener “una militancia intensa” a un “liderazgo intenso”, y además, no son generadores de una democracia representativa sino más bien de una democracia delegada. Actualmente, los partidos sufren de un verticalismo agudo que deriva principalmente de esquemas de dirección gerencial, de la persistencia de oligarquías a su interior y de su acentuada auto-referencialidad.

Es necesario reiterar que sin partidos no existe democracia, y que si deseamos un sistema pluralista y democrático, debemos tener partidos. No obstante, ellos muestran serias dificultades para interpretar las opiniones de los ciudadanos, privilegian sus intereses, son ineficientes, se encuentran excesivamente burocratizados y, en muchos casos, están tocados por la corrupción.

Además, diferentes estudios consideran que los partidos políticos son “fierros viejos”, heredados de un pasado lejano, muerto y sepultado. Que solo crean desorden y división, fracturan al cuerpo social y frecuentemente crean pasiones incontenibles produciendo conflictos permanentes.

Los partidos políticos son necesarios, pero a condición de que respondan a las demandas de los ciudadanos. Para acentuar la volatilidad electoral, es decir, el cambio de voto de una elección a otra, los partidos tradicionales deben transformarse para permitir el desarrollo de esquemas democráticos a su interior y favorecer la aparición de nuevas formaciones políticas. Si los partidos quieren representar a todos, entonces deben estar abiertos a todos, por ello tienen el deber de reinventarse.

 

isidroh.cisneros@gmail.com

Twitter: @isidrohcisneros

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