Academia


En la academia se ha normalizado un amplio “abanico de actitudes machistas y misóginas”

Incluye el temor de las mujeres en las cosas sencillas, pero difíciles de denunciar, dice la investigadora Isabel Miranda / La UNAM ha generado un andamiaje de protección que debemos probar: Belausteguigoitia

En la academia se ha normalizado un amplio “abanico de actitudes machistas y misóginas” | La Crónica de Hoy

El Instituto de Neurobiología de la UNAM llevó a cabo el Diálogo Colectivo Virtual “#NosEscuchamos8M”.

La violencia contra las mujeres y la inequidad de género se ha desarrollado, solapado y normalizado en todo espacio público y privado, donde ni aulas de las universidades ni los laboratorios de investigación son excepción alguna. En el marco del Día Internacional de la Mujer se llevan a cabo diferentes encuentros para visibilizar las agresiones y el combate que debe hacerse a prácticas en cada espacio social, como el académico.

Deyanira es estudiante de posgrado en el Instituto de Neurobiología de la UNAM, Campus Juriquilla, y relata cómo algunos de sus profesores continúan realizando comentarios machistas o empleando humor sexista en sus presentaciones, los cuales podrían ser imperceptibles, pero que son violencia.

"Esta clase de conductas es muy incómodo, los profesores deben de tomar en cuenta que incluso en sus presentaciones están tendiendo conductas micromachistas”, refirió la académica durante el Diálogo Colectivo Virtual “#NosEscuchamos8M” realizado por esta institución de la Universidad Nacional, donde estudiantes, profesoras e investigadoras dieron un pulso sobre lo que ocurre comúnmente en otros espacios académicos del país.

La investigadora Rebeca Corona recuerda haber hallado a mujeres amamantando en espacios inapropiados e incluso en el baño de la institución, puesto que no podía hacerlo en su laboratorio, un acto de discriminación, enfatizó, algo recurrente en otros lugares de trabajo donde las mujeres no sólo no cuentan con el tiempo para hacerlo de manera adecuada, sino tampoco del espacio.

Isabel Méndez fue una de esas madres jóvenes que, después de haber obtenido su plaza académica sin problemas debido a su calidad como profesional, no halló espacios adecuados para efectuar la lactancia, pero además fue discriminada por ser madre en el desarrollo de su carrera. “Mi tutor era muy machista y cuando surgió la oportunidad de enviar a uno de sus estudiantes a realizar una estancia en el extranjero me descartó y dijo ‘tú no, porque tienes hijos’”. Recuerda que debió reaccionar diferente, pero joven y con un aprendizaje sobre equidad en ciernes dejó pasar la situación.

“Las cosas que hemos normalizado en términos de actitudes machistas y misóginas es muy amplio, ahí se incluye el temor de las mujeres en las cosas más sencillas donde es difícil denunciar”, señaló por su parte Isabel Miranda, investigadora del Departamento de Neurobiología Conductual y Cognitiva. Durante su participación en el encuentro virtual, en el que se reconocieron avances en el instituto en equidad, enfatizó que la causa de estos agravios es en muchas ocasiones causado por un desbalance de poder entre las académicas y sus jefes o jefas.

“Romper este abanico de normalización de violencia se relaciona con algo que no es evidente muchas veces, puesto que son actitudes que llevamos años repitiendo. Yo misma he tenido actitudes machistas”. Para hacerlo, agregó, se puede establecer una relación de confianza con los hombres invitando a que reflexionen sus conductas, para ello, se puede “voltear” su discurso y hacerles ver lo “ridículo y fuera de lugar” de sus comentarios si en vez de aplicarlos a una mujer se aplican a un hombre. “Estos son los pequeños mecanismos que podemos utilizar”.

Sin embargo, este tipo de diálogo sólo se puede sostener con hombres “bien intencionados”, puesto que a quienes no les importa la reflexión “sí debe ponérseles un alto firme”, apuntó por su parte Magda Giordano, colega del mismo departamento. “Tampoco es bueno que los hombres caminen sobre ‘vidrios rotos’ cuando hablen con una mujer, sino que se debe establecer un diálogo abierto y fluido, educarse de ida y vuelta, buscar la forma de comunicar con claridad las conductas inapropiadas”.

 

AVANCES A UN AÑO.

Este tipo de agresiones y violencia fue la que detonó en la UNAM movimientos feministas que, entre muchas otras acciones, resultaron en el cierre de instituciones como la Facultad de Filosofía y Letras (FFyL) y el establecimiento de un diálogo real con las autoridades de la UNAM y, a su vez, la implementación de nuevas normas a favor de la protección de las universitarias. 

Directa o indirectamente también influyó en la creación de la Coordinación para la Igualdad de Género (CIGU) y el cambio del marco jurídico de la UNAM para tomar acciones más sustanciales contra agresores en la máxima casa de estudios.

“En el último año y cinco meses, la vida universitaria sufrió interrupciones radicales, pero se logró crear una sinergia entre estudiantes, autoridades y funcionarios que posibilitó implementar procesos claros para atender las exigencias de las alumnas quienes sufren acoso en sus casas, trabajo, transporte, y demandan que la Universidad sea un espacio de ‘cobijo’, protección, crítica y expansión del pensamiento creativo”, señaló Marisa Belausteguigoitia Rius, directora del Centro de Investigaciones y Estudios de Género (CIEG) de la UNAM y profesora de la FFyL.

A través de un comunicado institucional, la UNAM expuso los avances que ha habido en el sector en el último año, en voz de las universitarias, como Belausteguigoitia, que coordinan estos esfuerzos. Dichos cambios normativos, apuntó la profesora, han construido un andamiaje, una estructura para que la UNAM cuente con un sistema de sumo cuidado, de acceso a la justicia y de restauración a quienes viven violencia de género. 

“Contamos con una de las mejores estructuras contra el hostigamiento y el acoso, y ahora tenemos que probarlo. También tenemos una agenda de género de primer nivel, pero eso no quiere decir que no tengamos problemas.

“Estamos transformándonos, es un proceso largo pero que vivimos con la solidaridad, creatividad, el pensamiento crítico y el trabajo con las urgencias sociales que nos caracterizan. Hemos entendido y estamos todos comprometidos en que la Universidad tiene que ser un espacio de cuidado y formación”. 

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