Opinión


Elecciones: decir no

Elecciones: decir no | La Crónica de Hoy

Ante las elecciones es importante decir no a la gestión del presidente de la república. AMLO nos decepcionó, no cumplió sus promesas y desilusionó a la población de los estratos más pobres que anhelaba un cambio a favor de la justicia social. 

El presidente nunca tuvo un proyecto articulado para combatir la pobreza:  la política de asignaciones directas de dinero a las personas pobres tiene un objetivo político oculto, clientelar, que busca acrecentar su imagen pública y ganar el voto de los desheredados. 

La lucha contra la corrupción es un objetivo noble, pero el gobierno no supo enfrentarla. Los mayores corruptos están en libertad y algunos de ellos forman parte del actual gobierno federal. Es un escándalo saber que el gobierno que abandera esa lucha niegue la transparencia y conceda incontables contratos millonarios de manera directa, sin la mediación de concursos.

Las leyes son el fundamento de la vida en sociedad. Pero el presidente no ha mostrado ningún empacho en violar, una y otra vez, la Constitución y las normas que nos rigen, burlándose de todos los mexicanos que creemos en el estado de derecho. 

La violencia sacude al país, pero el gobierno federal no ha sabido enfrentarla con eficacia. En estos tres años se han cometido 80 mil asesinatos y las organizaciones criminales se han posesionado de amplios territorios. Nadie tiene capacidad para controlarlas. 

La política de “abrazos, no balazos” es una estrategia estúpida de la cual se burlan los delincuentes. Por otro lado, la decisión de militarizar al país contradice las promesas de campaña del ejecutivo y viola flagrantemente la Constitución, de la misma manera es ofensivo que se ponga a los militares a realizar tareas civiles, ajenas a su materia, y que se les prohíba usar la fuerza contra los delincuentes. 

En 2018 el pueblo no sabía que López Obrador es militarista, que es inflexible y estulto, que se guía por inclinaciones religiosas, que desprecia a los científicos, que rechaza las evidencias como fundamento de sus políticas, que tiene una visión dualista o maniquea de la política, que muchas de sus afirmaciones son falsas, que es incapaz de reconocer sus errores, que su megalomanía la impide dialogar o escuchar a las demás personas. 

El presidente tiene una vida modesta, pero no es una persona humilde, en un individuo obsesionado compulsivamente por acumular poder en su persona. Sus conferencias diarias le han permitido imponer sus temas al debate público, pero, asimismo, han sido un ejercicio que exhibe ante todos, sus debilidades personales. 

Por ellas sabemos que lo único que le interesa es la política, el poder, todo lo demás se subordina a este objetivo central. Sabemos que es un hombre dominado por sus pasiones sanguíneas, malévolas, concibe la acción política como una guerra entre, por un lado, lo defensores del pueblo y, por otro, los enemigos del pueblo. 

Este esquema, que repite a diario, es una ficción, sin embargo, ha sembrado el odio por todas partes y ha dividido, peligrosamente, a los mexicanos enfrentándonos unos contra otros. AMLO predica el odio todos los días, es frío, es calculador y carece de sensibilidad humana y --lo que es defecto imperdonable de un presidente--, no tiene respeto por la dignidad de todos y cada uno de los mexicanos.  

En las próximas elecciones hay que decir no a AMLO y sus seguidores. No puede negarse que ha habido en estos tres años, algunos aciertos notables, pero los errores escandalosos en política, en economía, en educación, en salud, en ciencia y en cultura, han sido tan graves que el pueblo, nosotros, debemos actuar enérgicamente para detener esta obra destructiva. 

 

 

 

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