Opinión


El reino de la mentira

El reino de la mentira | La Crónica de Hoy

Hace días me sorprendió ver en televisión (Fox News), la presentación de un libro con un título sorprendente, algo así como “El marxismo en la Casa Blanca”. Pensé, al principio, que era una broma, pero pronto advertí que no, que era algo muy serio: una parte del partido republicano comparte seriamente la idea de que los comunistas, con Joe Biden a la cabeza, gobiernan en Estados Unidos. 

Increíble, pero cierto. El arribo de Donald Trump a la política trajo consecuencias desastrosas para la democracia estadounidense. Desde 2016 una parte significativa de la población estadounidense asumió como propias las numerosas mentiras que utiliza en su discurso. Se trata de mentiras burdas, absurdas, ridículas, irracionales que han enfrentado la crítica mordaz y sangrienta de los intelectuales y de los medios de comunicación. . 

Por eso mismo Trump –como AMLO—le ha declarado la guerra a los intelectuales y a los medios de comunicación. En las elecciones del año pasado, por ejemplo, Trump lanzó al aire la idea de que él había ganado las elecciones y que el triunfo de Joe Biden había sido producto de un fraude. Pero no aportó ninguna evidencia que sustentara su dicho y el conteo de votos fue escrupulosamente vigilado por los medios de comunicación. No obstante, hoy, ocho meses después de las elecciones, el 70% de la militancia republicana sigue sosteniendo que hubo fraude. 

La mentira cruda y burda la asimilan las masas. Cuando eso sucede, las instituciones democráticas se tambalean. La política deja de pertenecer al orden racional, se convierte en un acto de fe, de creencia o de sentimientos. Pero la fe, la creencia y los sentimientos no son medios que permitan fundar la convivencia en la pluralidad. Si base racional, existe el peligro real de una disolución social. 

El reino de la mentira se ha afirmado también en México. Un golpe brutal contra la democracia se dio en 2006 cuando el candidato Andrés Manuel López Orador perdió las elecciones por una pequeña cantidad de votos y se negó a aceptar su derrota denunciando un fraude. Nunca presentó prueba alguna de dicho fraude, en cambio suscitó con sus seguidores una suerte de insurrección urbana.

El reino de la mentira niega por definición el diálogo, el argumento, la negociación, el acuerdo. En un contexto como ese, el conflicto –que no encuentra solución—se convierte en un cáncer que demuele progresivamente las instituciones. El populismo, en consecuencia, es una trampa sin salida, al menos hasta el momento en que la racionalidad vuelva a reinar entre nosotros. 

Pienso que tanto México como Estados Unidos han caído en esa trampa y que la salida de este impasse sólo será posible cuando aparezcan en el horizonte generaciones de reemplazo dotadas de una nueva conciencia, ciudadanos informados racionales, tolerantes, dialogantes, que compartan la convicción de que es necesario reconstruir, revitalizar, fortalecer, la democracia. 

La clave para esa gran renovación se halla en la educación pública. Reconstruir el sistema educativo es básico para formar a esas nuevas generaciones, pero el esfuerzo de cambio debe incluir también a los medios de comunicación, a la televisión, a las redes, es decir, los medios no formales de educación. Todo esto, desde luego, sostenido en un consenso nacional. 

 

  

 

 

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