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El día de la marmota y la epidemia de tiroteos en EU: anatomía de una pesadilla absurda

ANOMALÍA. La adicción de los estadunidenses a las armas no logra romper el círculo vicioso “armas-asesinatos-más armas-más asesinatos”. Los que rechazan un mayor control, alegan el derecho a portarlas de la Segunda Enmienda. Pero, las enmiendas no son sagradas: basta aprobar otra que anule la que ya no sirve.

El día de la marmota y la epidemia de tiroteos en EU: anatomía de una pesadilla absurda | La Crónica de Hoy

Cho Seung-hui, autor de la matanza en el Virginia Tech en 2007, en el que murieron 32 estudiantes y profesores.

La historia de los tiroteos en Estados Unidos es la versión macabra y real de la película “El día de la marmota”, sólo que en la ficción el actor Bill Murray logra romper ese círculo tragicómico en el que su vida había caído, mientras que el pueblo estadunidense es incapaz de salir de ese círculo vicioso: armas-tiroteos-más armas-más tiroteos. 

La trama de esta pesadilla circular discurre de la siguiente manera:

Primera secuencia: Un hombre -casi siempre joven o incluso adolescente- descarga a tiros su odio o frustración contra personas que se encuentran en un centro comercial, un templo, un cine, una escuela, un centro de trabajo o en la calle, gracias a la facilidad con la que se consiguen armas en Estados Unidos. Las preferidas son las semiautomáticas porque disparan más balas en menos tiempo.

Segunda secuencia: Helicópteros de canales de televisión retransmiten escenas de gente corriendo en medio del caos y la confusión, con la esperanza de que el autor sea enfocado disparando o salga huyendo en una espectacular persecución policial que elevará al máximo la tensión y hará disparar el rating de las televisoras. 

Tercera escena: Recuento de muertos y repetición hasta la repugnancia de la frase-mantra favorita de los republicanos: “Nuestras pensamientos y oraciones están con las víctimas y sus familiares”... y se van a dormir con la conciencia tranquila.

Cuarta escena: El presidente (si es demócrata) condena la masacre e implora al Congreso que apruebe leyes de control de armas más duras.

Quinta escena: Los republicanos, cuyas campañas son financiadas por la Asociación Nacional del Rifle (al igual que la de algunos demócratas), se niegan a cambiar nada, invocando la Segunda Enmienda, que consagra el derecho de los ciudadanos a portar armas.

Sexta escena... y de nuevo vuelta a la primera: Como todo sigue igual, alguien consigue fácilmente armas y dispara en cualquier momento y en cualquier lugar de EU.

Esta es la realidad: Estados Unidos padece una “epidemia de tiroteos”, como dijo el expresidente Barack Obama, un día después de la matanza de diez personas en un supermercado de Boulder, Colorado, y una semana después de la matanza de ocho mujeres -seis de ellas de raza oriental- en Atlanta, Georgia. Los datos son escalofriantes:

Según el Gun Violence Archive, en lo que llevamos de 2021 han muerto por armas de fuego en EU 4 mil 191 personas (sin contar las más de cinco mil que usaron sus armas para suicidarse), mientras que otras 7 mil 383 resultaron heridas. Y el dato más trágico: 65 eran niños.

Los dos últimos años del republicano Donald Trump en el poder fueron especialmente violentos, pese a que una buena parte del último la gente estuvo confinada. En total fueron asesinadas 34 mil 821 personas (de los que 508 eran menores de once años) y ocurrieron mil 028 tiroteos masivos.

Muchos estadunidenses han pagado con sangre el terrible paso por la Casa Blanca del presidente más racista y xenófobo de la era moderna, como los once judíos muertos en 2018 en una sinagoga de Pittsburg o los 23 latinos que murieron en 2019 en El Paso, tiroteados por un joven supremacista blanco, quien declaró que actuó así tras escuchar a Trump alertando de la llegada de mexicanos dispuestos a “invadir Texas”. 

De hecho, la ola xenófoba que impulsó Trump no cesó su salida del poder el 20 de enero. Estados Unidos vive una preocupante escalada de crímenes de odio contra ciudadanos de raza oriental desde que el exmandatario acusó a Pekín de contagiar al mundo con el “virus chino”.

Pero, quizás el dato más inquietante es el comportamiento inmoral de buena parte de la sociedad estadunidense, que, ante la llegada del demócrata Joe Biden al poder se lanzó a comprar armas, por temor a mayor control. Según las cifras de la Federación Nacional de Deportes de Tiro, las ventas de armas en enero de 2021 con respecto a 2020 se disparó un 75% hasta un récord de dos millones de armas vendidas.

Marcha por Nuestras Vidas en Washington, en 2018, tras la matanza de estudiantes en Parkland, Florida (EFE).

“EL CIRCO MEDIÁTICO” DE TED CRUZ

Tras sumar sus dos primeros tiroteos masivos -Atlanta y, Boulder, Biden pidió al Congreso que prohíba los fusiles semiautomáticos de asalto. Pero, para ello, necesitaría el apoyo de al menos diez senadores republicanos.

La respuesta a lo que va a ocurrir ya la anticipó el senador hispano Ted Cruz. Cualquier iniciativa está destinada al fracaso y aprovechó para tachar de “teatro ridículo” porque “no harán nada para detener estos asesinatos”.

Se equivoca Cruz y su equivocación, como la de sus colegas republicanos, cuesta vidas.

Como dijo en su última columna la analista de Crónica en Washington, Concepción Badillo, “quienes se oponen a que se modifiquen las leyes sostienen que no son las armas las que matan, sino los hombres y esto definitivamente es absurdo. Los automóviles tampoco matan a la gente, son quienes conducen mal o ebrios y no por eso se han dejado de tomar medidas, gracias a las cuales se han reducido considerablemente los accidentes fatales”. 

Cuando el presidente Bill Clinton logró vetar las armas de asalto durante una década (1994-2004), gracias a un amplia mayoría demócrata -y a una inaudita, pero noble, carta de apoyo de sus antecesores Gerald Ford, Jimmy Carter y Ronald Reagan-, el número de tiroteos cayó un 37% y el de asesinatos por armas de fuego un 43%. Después de que su vigencia expiró y no fue renovada por el republicano George W. Bush, las matanzas aumentaron drásticamente en un 183% entre 2004 y 2014, con un incremento del 239% en las muertes por tiroteos masivos.

La falacia de Cruz no vale, y si lo que queda es aferrarse a la Segunda Enmienda, que recoge el derecho a portar armas, la Constitución de EU permite la aprobación -por mayoría absoluta del Congreso- de nuevas enmiendas que sustituyan a las que quedaron obsoletas. Así ocurrió con la Vigésimo primera, que anula la Décimo Octava Enmienda, que amparaba la Ley Seca.

En un artículo publicado en 2018 por “The New York Times”, el juez republicano John Paul Stevens, quien decidió renunciar a la Corte Suprema de EU, pidió a sus colegas conservadores en el Congreso, que se unan a los demócratas para derogar la Segunda Enmienda. "La preocupación de que un ejército nacional represente una amenaza para la seguridad de los estados o los ciudadanos llevó a la adopción de esa enmienda. Hoy esa preocupación es una reliquia del siglo XVIII".

Por tanto, si Estados Unidos quiere salir de este círculo vicioso infernal, necesita, como dijo Obama hace dos días, “menos políticos cobardes y más sentido común”.

fransink@outlook.com

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