Opinión


Coronavirus: Las primeras enseñanzas

Coronavirus: Las primeras enseñanzas | La Crónica de Hoy

El mundo hoy se encuentra bajo una amenaza mortal originada por la rápida propagación del coronavirus y por el contagio incontenible entre las naciones, por lo que la Organización Mundial de la Salud lo ha calificado como Enemigo de la Humanidad.

En México, la respuesta de nuestras autoridades ante el avance del Covid-19, ha sido cuestionada por las presuntas decisiones tardías y el exceso de confianza frente al hecho inevitable, dada la movilidad de muchos mexicanos y la interacción de nuestro país en el escenario mundial.

Al respecto, se hace sentir hacia la población que las experiencias vividas no han sido asimiladas en nuestra formación y que las prácticas de salud pública utilizadas para atender la propagación de enfermedades infecciosas, y que las políticas de Seguridad y Protección Civil no han logrado cumplir con un plan de contención oportuna.

Sin embargo, a pesar de diversos esfuerzos educativos que promueven hábitos como parte de una cultura de la prevención, seguimos actuando de manera reactiva. En lo individual continuamos procrastinando en el plano preventivo, ya sea por evasión o indecisión; en lo colectivo, actuamos tardíamente y duplicamos acciones que incrementan riesgos y afectaciones. Pero como nunca antes, todos estamos sobreexpuestos a una avalancha de información que han creado una “peste mediática” que debemos enfrentar con inteligencia, información veraz y esfuerzos colectivos.

En este contexto y ante el nuevo escenario provocado por el impacto del Covid-19 en la educación, el pasado 16 de marzo, en coordinación con la Secretaría de Salud, la Secretaría de Educación Pública (SEP), emitió un comunicado a toda la comunidad educativa del país con el fin de implementar, inmediatamente, en todos los planteles educativos públicos y particulares incorporados, medidas preventivas para la protección a la salud, reiterando que “vivimos una época de grandes avances tecnológicos y de nuevos retos para una vida sana”.

Dentro de ese marco, se enfatiza que las maestras y maestros desempeñan una función elemental como agentes de transformación y que, además comparten la responsabilidad en el cuidado de su alumnado.

En este esfuerzo -precisa el documento- es indispensable la participación de las madres y padres de familia, tutores, directivos de planteles, docentes, personal administrativo y de servicios, así como de niñas, niños, adolescentes y jóvenes para instalar una Comisión de Salud dentro de los Consejos de Participación Escolar o equivalente para apoyar las indicaciones de las autoridades sanitarias; incorporar filtros en las escuelas como parte de una campaña de higiene que siente precedente, y atender una Jornada Nacional de Sana Distancia, consistente en la suspensión de actividades escolares para el aislamiento voluntario preventivo.

No obstante, cabe mencionar que las referidas medidas anunciadas por la SEP han generado una serie de incertidumbres y preocupaciones, sobre todo porque los filtros escolares (uno al entrar a la escuela y otro al entrar al salón de clases) implican un riesgo, ya que las escuelas no cuentan aún con la organización necesaria para su aplicación, lo que expondría aún más a los niños, toda vez que se generarían filas y aglomeraciones durante la entrada a los planteles por el hecho de que cada madre o padre deberá dejar constancia por escrito (mediante una Carta Compromiso de Corresponsabilidad) de que han atendido las medidas preventivas para evitar el contagio, y, por lo tanto, que sus hijos e hijas no presenta ninguno de los síntomas de enfermedad respiratoria. 

Por lo anterior, la Comisión de Salud que se instale dentro de los Consejos de Participación Escolar, deberá buscar nuevas formas de organización y participación de la comunidad educativa en materia de salud y bienestar permanente, no solamente de apoyo a medidas prestablecidas, sino que incorpore sus propuestas y soluciones viables, surgidas de sus propias exigencias, intereses y necesidades.  

Habría que recordar que en los sismos de 1985, más de 700 planteles educativos se vieron afectados, suspendiéndose las clases de tres a cuatro semanas en todos los niveles escolares, con lo que se interrumpió el ciclo escolar para más de 650.000 estudiantes.

Y sin embargo testimonios, crónicas e historias de todo tipo dan cuenta de la enorme participación ciudadana de la sociedad civil para mitigar los estragos de un desastre para el que no estábamos preparados. A instancias de los padres de familia se crearon los Comités de Protección Civil y Seguridad Escolar para mitigar posibles daños en caso de una nueva contingencia incluso epidemiológica como consecuencia del impacto del terremoto en el sector salud.

Muchos esfuerzos se enfocaron también en construir un Sistema Nacional de Protección Civil, que vio la luz en 1986, y desde entonces, con dicho sistema, se ha buscado coordinar esfuerzos y sumar voluntades para generar acciones que propicien espacios y ambientes más seguros para la población.

Entonces, ante la pandemia que estamos enfrentando, colaboremos con la sana distancia y con las medidas de higiene personal recomendadas; confiemos en el talento y en el potencial humano de los expertos y especialistas que aplican, en coordinación con el gobierno federal y local, sus conocimientos y estrategias en el campo de la Seguridad, Higiene, Protección Civil y Educación.

Con ello podrán determinar de una manera más racional y planificada (sin pánico, sin incertidumbre) en qué momento y por cuanto tiempo deberán y podrán tomarse otras medidas de mayor alcance, impacto y trascendencia para preservar la salud, prevenir enfermedades y contender pandemias como la que hoy nos ha tocado experimentar y de la cual impostergablemente debemos obtener los mejores aprendizajes.   

 

Twitter: @UlisesLaraCDMX

 

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