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Opinión: ¿Qué con "Nuevo Orden"?

Columna. Todos los comentarios aquí expresados son responsabilidad de su autor(a); un alter ego del periodismo digital que ocupa analizar los cambios de pensamiento y discursos detrás de las diferentes expresiones artísticas y sus industrias, desde las trincheras de las redes sociales.

Opinión: ¿Qué con

Redes sociales

En el alambre del periodismo de espectáculos en el que se posan las más fieles plumas del snobismo, el memazo de la semana es para el Nuevo orden de Michel Franco, que saltó de las filas del Festival Internacional de Venecia a las salas mexicanas el pasado jueves 22 de octubre.

A lo lejos —donde tampoco tienen conciencia histórica de la política mexicana—, en Venecia, recibió nada más y nada menos que el Premio del Jurado, del que engendró una aceptable calificación de la crítica extranjera del 78% en Rotten Tomatoes. Pero a nivel nacional no nos hizo nada en gracia esta “distópica casa de los horrores”, por el contrario, nos provoca demasiado escozor porque “refleja mejor las ansiedades de una élite que los incentivos de un movimiento social” (Camila Osorio, El País).

¿Era la intención de Franco hacer una crítica a los probres como el “whitexican” que es o quería hacer un remake de Parasite (Bong Joon-Ho, 2019)? Estos y otros comparativos han emergido de los argumentos de dichos pajarillos.

Y aunque la crítica de Fernanda Solorzano (Letras Libres) advierte los peligros del “pánico moral” con que actualmente se analiza absolutamente todo; la película ha sido tatuada como CLASISTA por “victimizar a la clase privilegiada”, ser “la película que le teme a la pobreza” (Alonso Díaz, Gatopardo), y “carece(r) de lúdica conciencia política” (Sergio Huidobro, La Tempestad); porque nos muestra los “miedos de la burguesía” y “criminaliza la protesta”.

Sin embargo, es en esta postura extremista donde recae el chiste de la película —como si la idea de los “protestantes delincuentes” no fuera una concepción que ha sido construida por los medios de comunicación desde “el inolvidable 68” a la fecha, o ¿haremos caso omiso a la autocrítica periodística y al amarillismo con que se han abordado cada movimiento social en México? —  Si bien, el filme juega con los clichés del color (racismo) y de la distinción de clases, no considero que funja como campaña para desprestigiar la protesta —para eso estamos los periodistas, no los cineastas—.

Aunque es evidente que, más allá de la caricaturesca imagen del protestante bestial que nos muestra, la icónica pintura verde y los grafitis a monumentos, sí son símbolos inequívocos de las recientes marchas feministas, lo cual no le ayuda a Franco a que entendamos esta —a mi parecer— peculiar sátira sobre las posturas oficialistas de los medios y la corrupción del Estado y sus poderes. Pero la cereza a mi pastel, en este supuesto Apocalípsis, fue la militarización del país —una joya que bien podría ser ejecutada por nuestra Guardia Nacional—. Pero si es o no una “basura clasista” en realidad, jamás lo sabré(mos).

Si algo no se puede negar es que Nuevo orden, provoca y genera estas múltiples discusiones, cumpliendo así, una de las cualidades primarias del séptimo arte. Usted véala y júzguela conforme a su criterio y “conciencia política”. Y quien esté libre de privilegios que aviente la primera crítica. 

Twitter/@ramona_dudevant

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