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No hay razón para escandalizarse si retiran estatua de Colón: experto

El Paseo de la Reforma tuvo cambios frecuentes de manera reciente, añade

No hay razón para escandalizarse si retiran estatua de Colón: experto | La Crónica de Hoy

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“No hay una razón para escandalizarse por una posible reconfiguración del Paseo de la Reforma y su recorrido celebratorio, sus cambios han sido frecuentes”, opinó el especialista en historia del arte, Renato González Mello, a propósito del retiro de la escultura de Cristóbal Colón de Avenida Paseo de la Reforma hace dos semanas.

La reflexión del investigador sucedió durante la mesa redonda El monumento a Colón en el Paseo de la Reforma: origen y destino, organizada la tarde del viernes por el Instituto de Investigaciones Estéticas de la UNAM.

Algunos cambios recientes que ha tenido Paseo de la Reforma, agregó González Mello, son: la remoción del Caballito para situarlo frente al Palacio de Minería, el emplazamiento frente a la Lotería Nacional de una escultura de Sebastián, la construcción y la destrucción de una fuente en la Glorieta de Misisipi, la reconstrucción del Periférico y la mudanza de la Fuente de Petróleos.

“La solución debe ser modesta, que no lleguen a bien a donar nuevos monumentos. Respetuosamente propongo a los artistas que hagan una pausa con tanta metalurgia para propiciar la reflexión. El debate debe establecer qué es una obra de arte público y debe hacerlo con todos los recursos teóricos del siglo XXI”, indicó.

En palabras de González Mello, ese debate debe llegar a la Ley Federal Sobre Monumentos y Zonas Arqueológicas, Artísticos e Históricos ya que ahí se articulan problemas difíciles o imposibles de resolver, porque hoy no es posible suponer que la noción de historia sea un territorio de consenso.

“La Ley debe reformarse, estoy a favor de que aumente la protección para las obras del siglo XX, también creo que si se reconociera el carácter artístico de los monumentos, o al menos la sensibilidad estética de nuestras expectativas sobre el patrimonio americano, mesoamericano, virreinal y republicano, nuestras opciones serían más plurales y mejores”, dijo.

En la mesa redonda también participó el historiador Hugo Arciniega Ávila quien respondió la pregunta: ¿por qué unos monumentos son vandalizados y otros quedan en la indiferencia como la escultura de Cristóbal Colón que se ubica en la Plaza de Buenavista?

“Esto tiene que ver mucho con la noción de monumento y ciudad, pensar algo que está establecido en el Paseo de la Reforma en asociación con toda la carga que la avenida tiene como espacio conmemorativo, desde muchos sentidos hace ver cómo la ciudad decimonónica de alguna manera sigue funcionando y operando”, expresó.

En algún momento se trataba de un desfile cívico del general Porfirio Díaz, añadió, “ahora ese mismo coincidir de avenida lleva a estas marchas que deterioran y que no pasan por Buenavista”.

Para Arciniega, la Ciudad de México es una urbe que se mueve en el tiempo y que recobra su memoria.

“Pienso que la Ciudad de México ha sido una de las ciudades que más transformaciones radicales ha tenido desde muchos orígenes y es momento de reflexionar en ese sentido de memoria, de las trazas simbólicas y los monumentos que hacen memoria, por ejemplo, ¿a quién le han importado el destino de los Indios Verdes que una vez abrieron el Paseo de la Reforma”, indicó.

HISTORIA DEL MONUMENTO.  María José Esparza, historiadora del arte, detalló el origen de la escultura de Cristóbal Colón retirada por el Gobierno de la CIudad de México, narró que Manuel Vilar, director del ramo de escultura de la Academia Nacional de San Carlos de México, mostró interés por realizar una gran escultura de cuerpo completo de Cristóbal Colón desde 1850.

“Esta idea se empezó a concretar en 1856 cuando anotó en su diario que estaba dibujando diversas composiciones para ejecutar la estatua de Colón. Es en la undécima exposición de la Academia, efectuada en 1858, cuando se presenta el yeso de la obra que hoy conocemos y que se conserva en el Museo Nacional de Arte”, comentó.

Sin embargo, el inicio de la Guerra de Reforma y la muerte de Manuel Vilar frustraron la colocación del monumento, fue hasta  el Segundo Imperio cuando se retomó la idea, en el momento en Leopoldo I de Bélgica, padre de Carlota, manifestó su deseo de regalar una estatua del navegante a México.

Fue hasta 1887 cuando al escultor francés Charles Cordier se le encargó realizar el monumento, por tanto se puso en contacto con Sebastián Ledo de Tejada para trasladar la obra a la Ciudad de México.

“En mayo de 1877, Riva Palacio da inicio a los trabajos de preparación, lo coloca en la primera glorieta de Reforma desatendiendo el deseo de Escandón (donante de la obra) de colocarlo en la Plaza de Buenavista y los cuestionamientos de la opinión pública que criticó el lugar aduciendo la lejanía”, detalló Esparza. 

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