Opinión


No corran por su vida, lancen el balón

No corran por su vida, lancen el balón | La Crónica de Hoy

Cuando vemos correr por su vida a mariscales de campo como Kyler Murray o Lamar Jackson uno se pregunta, ¿durante cuánto tiempo podrán tener esa habilidad atlética que les permitan escapar con esa elusividad de los defensivos? Quizá dos o tres años, no más. Y es que en un deporte tan físico donde un golpe puede ser brutal, un quarterback corriendo a campo abierto es como un pato volando bajo en temporada de caza.

En una ocasión un emblemático pasador lo dijo: Un quarterback corredor no durará demasiado en la NFL. Y en eso tiene razón, porque quizá a los 22 años, edad a la que llegan al profesionalismo, su capacidad atlética está intacta y una velocidad acorde con su juventud, pero ¿qué pasa después de varios años y algunos buenos golpes recibidos? Pues que el cuerpo pasará factura; en otras palabras que un quarterback no puede mantener un estilo de juego universitario durante toda su carrera.

Ejemplos hay varios, de los que lograron modificar su manera de jugar y de los que se aferraron a su sello. De esa manera, los primeros tuvieron carreras profesionales más largas, mientras que los segundos vieron como su cuerpo simplemente no les aguantó el ritmo. Y es como dijimos, no es cuestión de condición física, pues estos tipos son verdaderos super atletas, sino de los límites del cuerpo humano.

SÓLO SUSPIROS. A la mente nos llegan varios nombres a lo largo de los años, pero existen tres que retratan perfectamente lo anterior: Michael Vick, Robert Griffin y Cam Newton.

Curiosamente los tres son de color.

Su tendencia a correr y exponerse más de los debido terminó prematuramente con sus carreras o las mermó al grado de no poder jugar al nivel acostumbrado.

Para muchos, y me incluyo, Vick ha sido el mariscal corredor más electrizante que ha pisado la NFL. Pequeño y ligero, era una pesadilla para los defensivos y un deleite para el espectáculo. En Atlanta fue un show con sus escapadas, en Filadelfia se volvió mucho mejor pasador, y aunque ya no corría tanto, nunca aprendió a deslizarse con los pies hacia adelante por lo que recibió varios golpes de consideración que lo disminuyeron rápidamente. Trató de mantenerse activo en equipos como Nueva York Jets y Pittsburgh sin mucha fortuna, se convirtió en un jugador de cristal y se retiró con apenas 35 años. La realidad es que pudo haber administrado de mejor forma su gran movilidad y jugar por más tiempo.

Casi a la par arribaron a la Liga los otros dos, Newton y Griffin. Cam lo hizo en 2011 y Robert en 2012. Newton, que tuvo sus mejores años en Carolina, no entendió que su fuerza física no era para siempre y menos con el paso de los años en el cuerpo. Su recurrente manera no sólo de correr sino incluso de buscar el golpe para castigar a los rivales poco a poco fue mermando su efectividad. Al final, el no recuperarse de las lesiones en hombro y un pie provocaron su salida de las Panteras. Hoy con Nueva Inglaterra ha quedado más que de manifiesto sus carencias como pasador de bolsillo. Su insistencia en salir por piernas de las dificultades sólo sirvió para concluir que no es la solución en la posición para los Patriotas. Cam, como muchos otros, nunca se dio cuenta de que debía mejorar su técnica para lanzar el balón y no tanto mantenerse como un quarterback corredor.

Sencillamente ha quedado bien claro que no puede sostener su tipo de juego durante toda su carrera, es demasiado desgastante.

Y tan desgastante es que a algunos les acaba la carrera en apenas tres años. Lo anterior es el caso de Griffin, quien subió como la espuma al arribar a la NFL para desplomarse en el olvido apenas en dos años.

Llegó a la Liga en 2012 como primera selección colegial de Washington. Bajo la batuta de Kyle Shanahan como coordinador ofensivo tuvo una campaña de ensueño donde explotaron su capacidad para correr el balón. De hecho fue designado como el Novato del Año, pero un golpe durante una escapada por tierra puede decirse que acabó con su carrera, aunado a una lesión en la rodilla y que mucho se culpa a Mike Shanahan (quien era el coach en jefe) de haberlo puesto a jugar cuando no estaba al cien por ciento tras la lesión.

El aferrarse a mantener ese estilo de juego lo acabó. Apenas con tres campañas y 25 años de edad fue cortado por los Pieles Rojas. Ya no les servía. De ahí pasó a Cleveland por una temporada sin nada relevante y ahora vive en silencio como suplente de Lamar Jackson en Baltimore.

Griffin fue otro ejemplo de que si hubieran administrado mejor su elusividad, aunado a su muy decente precisión para lanzar, habría sido un pasador de movilidad por muchos años, que no es lo mismo que un mariscal corredor.

EN TRANSICIÓN. Es por tal razón que ahora llegamos a casos muy actuales y elocuentes de quarterbacks que, o han seguido el mismo camino sin poder alejarse de ese estilo de escapista o lograron modificar su manera de jugar para ser mejores pasadores con una gran movilidad.

Sin duda el caso más exitoso de los recientes pasadores sea Russell Wilson de Seattle, quien en la Universidad de Wisconsin corría demasiado y que de hecho lo hizo durante sus primeros años como profesional. Pasado un tiempo entendió que de seguir jugando así no duraría mucho. Cambió su manera de jugar y ahora sólo corre cuando es la última opción. El resultado: es uno de los mejores pasadores de toda la NFL.

Otro que no termina de lograr dicha transformación es Dak Prescott de Dallas. Su año de novato en 2016 fue sensacional gracias a un esquema que le permitía correr más el balón, sin embargo los coaches entendieron que debía ser más pasador que corredor, pues tiene cualidades para ser un buen mariscal de bolsillo. La realidad es que lo ha intentado, pero ya sea por nuevos esquemas ofensivos o indecisión a la hora de plantarse en la bolsa de protección, Dak no ha logrado consolidarse como el gran mariscal que, de paso hay que decirlo, pretende ganar más de 40 millones de dólares anuales en su nuevo acuerdo. No está de más recordar que la lesión que lo marginó de esta temporada fue durante una escapada por tierra.

Como él, podemos situar a Deshaun Watson de Houston, quien aún se arriesga demasiado al correr pues confía en su juventud y atleticismo, pero como señalamos, eso no dura para siempre. Watson es un gran pasador, pero al parecer no se ha topado con el coach guru que lo lleve por ese camino.

En ese mismo nivel están Josh Allen de Buffalo y Taysom Hill, el supuesto heredero de Drew Brees en Nueva Orleans. Ambos confían demasiado en su corpulencia, más Hills debido al papel que siempre ha desempeñado como “mil usos” en el esquema ofensivo de los Santos, pero la misma pregunta se repite, ¿cuánto tiempo podrán soportar el castigo del golpeo? La realidad es que tanto Sean McDermott como Sean Payton, coaches de ambos equipos, deberán corregir los estilos de estos pasadores si de verdad los ven como los líderes de sus equipos por los siguientes años.

Finalmente, y con quienes iniciamos este texto, Kyler Murray y Lamar Jackson, son el perfecto ejemplo de los pasadores que a menos que cambien sus manera de jugar, sus carreras podrían ser breves si tomamos en cuenta la ligereza y tamaño de ambos. De hecho, de Murray muchos se cuestionan ¿durante cuántos años podrá mantener esa endemoniada velocidad en su piernas? Por lógica no poseerá esa misma aceleración a los 30 años, y es cuando el sentido común sale a relucir: hay que cambiar.

Si alguien lo duda, basta ver videos de Vick tratando de escapar por piernas a sus más de 30 años. A pesar de ser rápido ya no era aquella centella.

Sin más, uno de los mejores ejemplos de esa transformación fue el ya lejano en el tiempo Steve Young en Francisco. Cuando llegó de la USFL a Tampa Bay, era un mariscal netamente corredor, al pasar a los 49ers mantenía esa costumbre y bajo la batuta de entrenadores y coordinadores con visión como Bill Walsh, Mike Holmgren o Mike Shanahan, cambió su estilo hasta convertirse en uno de los quarterbacks más precisos de la historia. El proceso no fue sencillo y menos cuando el mismo Jerry Rice lo tachaba “de ser un simple mariscal corredor” tras su enojo por haber dejado ir a Joe Montana.

Young lo logró, así que bien podría ser un ejemplo para estos pasadores que de seguir corriendo por su vida, no llegarán muy lejos.

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