Opinión


La transformación cultural de México

La transformación cultural de México | La Crónica de Hoy

“Sólo cuando los acontecimientos cambian realmente la cultura de un pueblo, se convierten en cambios históricos”

Guillermo Bonfil Batalla en Pensar nuestra cultura

 

José Vasconcelos, fundador de la SEP, concebía a México como nación de una sola cultura. ¿Cuál cultura? La moderna-occidental, desde luego. Pero un contemporáneo suyo, Manuel Gamio, autor de Forjando Patria (1916), sostuvo que la nación mexicana no era culturalmente uniforme, sino multiétnica y multicultural.

Gamio refutó la tesis positivista de que la modernidad traería necesariamente consigo la asimilación de los indígenas por la población mestiza y rechazó la idea de que éstos eran los responsables del atraso de México: “A los indígenas, propuso, no hay que segregarlos, sino integrarlos a la nación reconociéndoles su identidad propia”. Pero su voz no encontró eco.

Ni lo encontraría durante un siglo entero. Hoy se admite que México es una sociedad nacional multiétnica y multicultural (lo consagra la Constitución Nacional, aunque aún no se recoge en las constituciones locales) pero los indígenas continúan olvidados y marginados desde el punto de vista económico, social, político y cultural y en todas partes son objeto de desprecio, discriminación y explotación.

El país ha cerrado los ojos ante este dramático, terrible, problema. En la relación Estado-comunidades étnicas ha prevalecido una actitud ambivalente: por un lado, se exaltan y festejan las realizaciones de los indígenas, por otro, se les rechaza y discrimina.

Las posturas oficiales ante este gran problema han sido de negligencia, hipocresía y disimulo. Los gobiernos neo-liberales defendieron la uniformidad cultural de México y aplicaron una política que hundió más en la pobreza y el abandono a los indígenas. Es hasta hoy que se observa el inicio de un cambio histórico: la Cuarta transformación se propone, por primera vez, incorporar a la nación a los grupos étnicos que pueblan nuestro territorio.

Somos una nación multicultural y procede, por tanto, darle a cada cultura (indígena o no indígena) la autonomía, el reconocimiento y la dignidad que merecen. Contra la antigua tesis positivista, se puede pensar sensatamente que, al contrario, ha sido la política de negación y segregación de esta diversidad la causa de nuestro atraso como nación y no lo contrario. Estamos conminados a hacer este gran cambio cultural más pronto que tarde pues, en un momento dado, se puede poner en riesgo, incluso, la integridad de la nación.

Atender este problema supone una reorganización cultural (y, por tanto, educativa) de México. Contra los prejuicios que prevalecen hay que sostener que la diversidad cultural enriquecerá a México. Todas estas ideas han sido recogidas por la actual Secretaría de Educación Pública que, siguiendo las disposiciones del nuevo Artículo Tercero, se propone integrar en los planes de estudios la multiculturalidad de la nación. 

Han transcurrido ya dos siglos, pero aún conservamos las inercias del colonialismo. La misma palabra “indígena” o “indio” –nos lo recuerda el reputado antropólogo Salomón Nahmad-- fue creación de los conquistadores que redujeron a un término racial la pluralidad de nuestras comunidades étnicas. Todavía hoy se hablan en México 68 “lenguas” (aunque, en estricto sentido, tendríamos que hablar de “idiomas”)

Se trata, entonces, de llevar a cabo una transformación mayúscula: cambiar muchas ideas y valores que hasta hoy han dominado; hacer de México una nación abierta, donde coexistan, en plan de igualdad y respeto, las diversas culturas y lenguas que existen en su territorio. Esto será la base de una nueva unidad nacional.

 

Gilberto Guevara Niebla

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