Opinión


La peste de la política

La peste de la política | La Crónica de Hoy

El coronavirus se presenta como el más grande desafío para nuestras sociedades. La capacidad de resistir se debilita, la cohesión social se fragmenta y los errores de los gobernantes son cada vez más fatales para la población. En este escenario, el mundo observa un peligroso rebrote de la pandemia. Los países rompen sus récords de infectados lo que incrementa la incertidumbre. La OMS alerta que a nivel planetario se contabilizan 42 millones de personas infectadas a las que se suman 500 mil contagios diariamente. Europa se encuentra en estado de alarma con 222 mil nuevas infecciones tan solo este sábado. Francia que ya superó el millón de contagiados, está tomando medidas extremas recurriendo a toques de queda en las ciudades más importantes. Italia donde se han presentado violentos amotinamientos contra las medidas de confinamiento, como el ocurrido en Nápoles hace dos días, estima que en un mes los muertos por el virus podrían triplicarse. España ha prohibido viajar de una comunidad a otra y los cierres en todo el país se prolongarán hasta los primeros meses del 2021. El bloqueo de actividades también se aplicará en Bélgica, Alemania, Inglaterra y Polonia, donde la clase gobernante a sus niveles más altos ha sido alcanzada por la epidemia. Lo mismo ocurre en Estados Unidos donde se rebasaron los 8.6 millones de infectados sumándose 84 mil en las últimas horas, para alcanzar 225 mil muertos. No obstante, Donald Trump no se cansa de afirmar, como ocurrió en el último debate presidencial, que el virus “está desapareciendo”.

Algo más grave ocurre en México donde López Obrador demagógicamente minimiza la crisis sanitaria declarando con gran irresponsabilidad, como lo hizo este fin de semana, que “ya pasó lo peor de la pandemia”, contradiciendo una y otra vez a su encargado epidemiológico y al inexistente secretario de salud. Con una letalidad del 10% nos acercamos a los 90 mil muertos y estamos a días de rebasar el millón de contagiados. El pésimo manejo de la pandemia y la grosera manipulación de las cifras de infectados y fallecidos es la característica más relevante del actual gobierno. La manipulación política del semáforo epidemiológico ha sido tan catastrófica que ya no resulta de utilidad alguna para la población. López Obrador ha negado apoyos desde un principio a la sociedad y a la economía, con el resultado evidente de un incremento sin precedentes de la pobreza, el desempleo y la desigualdad. A la crisis sanitaria y al drama económico se adiciona una muy probable crisis política y de credibilidad institucional introduciendo más incertidumbre sobre nuestro futuro.

El coronavirus cambió todo con la fuerza de un milagro o una catástrofe irremediable. Nada se puede pensar, ni hacer, prescindiendo del virus. La pandemia llegó para quedarse. Más que una enfermedad es un cambio de mentalidades. La epidemia se impuso a otros problemas sociales y políticos que se minimizan y ocultan temporalmente. El virus transformó el mundo laboral y la movilidad, incrementando los desordenes mentales derivados del aislamiento. El cierre de las escuelas evidenció las enormes dificultades para la conciliación entre tiempos de vida y trabajo, especialmente para las mujeres quienes son más vulnerables ante la crisis y sobre las que tradicionalmente se descargan las mayores responsabilidades familiares. Mientras tanto, el poder político reafirmó su dimensión monocrática, demagógica y autoritaria. Ha llegado la hora para que en las próximas elecciones pongamos un alto a este deplorable gobierno.

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