Opinión


La maldición del contagio

La maldición del contagio | La Crónica de Hoy

Cuando estas líneas lleguen al alcance de nuestros lectores, todos ellos —en mejores o peores circunstancias— habrán soportado una reclusión de casi tres meses y una importante serie de restricciones de sus relaciones sociales en el ámbito familiar, laboral o puramente social. Sin duda habrán pasado auténtico miedo por sus vidas o por las de sus seres queridos, incluso puede que hayan sufrido el doloroso trance de perder a alguno de ellos, en condiciones especialmente dramáticas de soledad porque la cuarentena impedía acercarse a quienes agonizaban con nuestro nombre en los labios. Pero además es muy probable que nos hayamos sentido desconcertados por las opiniones contradictorias de los expertos y las ordenanzas de alcance excesivo y utilidad mas que dudosa que han ido dictando nuestras autoridades. Y ahora vemos el futuro con enorme preocupación y desconfianza, se han destruído cientos de miles de puestos de trabajo y muchos de los pequeños o medianos negocios que han tenido que cerrar durante el estado de alarma es probable que ya no puedan reabrir. Nos sentimos todos zarandeados por una situación difícil de comprender y casi imposible de gestionar satisfactoriamente...

¿Qué ha ocurrido? En una palabra, hemos padecido —en gran parte del mundo la padecemos aún— una plaga. No somos un caso excepcional en la historia de la humanidad, todo lo contrario: lo insólito sería encontrar una larga época en que los humanos no conocieran una grave catástrofe colectiva, fuese telúrica (terremoto, inundaciones, volcanes...), clínica (epidemias...) o bélica (guerras, invasiones...). Lo normal (la verdadera normalidad, no la “nueva normalidad” que quiere patentar algunos gobiernos, entre ellos el español) es que todo ser humano que haya pasado alrededor de setenta años en este mundo no se vaya al otro sin haber conocido al menos una plaga y quizá mas de una. Yo mismo, que tampoco soy el más viejo del lugar aunque poco me falta, recuerdo dos: la llamada “gripe asiática” del año 57 del pasado siglo, que causó la muerte de más de un millón de personas en el mundo (el Covid 19 aún no ha llegado a 450.000) y la pandemia actual, también de origen asiático como parece preceptivo.

Por lo demás, los testimonios literarios son innumerables. Si nos dedicamos solamente a las epidemias, ahí están la peste de Atenas de la que habla Lucrecio en “De rerum natura”, la peste del siglo XIV que da lugar al “Decamerón” de Boccacio, la que narra Daniel Defoe en “El año de la peste”, esa otra de que da cuenta Albert Camus en un relato alegórico así titulado, etc... Por no referirnos a las innumerables obras del género fantástico y la ciencia ficción que se han dedicado al tema, con mejor o peor fortuna. Y en el cine “El séptimo sello”,  la inovidable película de Ingmar Bergman, entre otras. Hablar de la peste, es decir de la plaga contagiosa en que la propia condición social que nos define se convierte en nuestra mayo amenaza, es referirnos a la entraña misma  de lo que somos en cuanto humanos, tanto para lo peor como a veces para lo mejor. Es inevitable dedicarnos a pensar estas diversas y frecuentes plagas, para ayudarnos a soportar intelectualmente la pandemia que ahora nos ha zarandeado. Ver como se relacionan con nuestra forma de vida y cómo podemos prevenirlas, sin caer en autoflagelamientos apocalípticos. Esperemos que esto en parte nos ayude, si es cierto que —como escribió Oscar Wilde cuando tuvo que pasar otra larga cuarentena, en su caso no clínica sino moral— “todo lo que se comprende está bien”.

 

Fernando Savater©

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