Opinión


La hierba siempre es más verde en el patio del vecino

La hierba siempre es más verde en el patio del vecino | La Crónica de Hoy

En medio de transformaciones laborales, como consecuencia del confinamiento obligado por el Covid-19, diferentes organismos y empresas realizan investigaciones a fin de predecir los rumbos que seguirán las instituciones educativas para crear las nuevas profesiones que requerirá el futuro mercado laboral.

 

Referencia de ello es el último informe del Foro Económico Mundial, Jobs of Tomorrow: Mapping Opportunity in the New Economy (2020), a través del cual se identifican siete grupos de profesiones cuyas perspectivas indican que algunos trabajos están quedando obsoletos y otros deberán reinventarse generando nuevos roles donde la prioridad es que los profesionales estén más especializados.

 

En ese sentido llamó mi atención el encabezado de una publicación: “Empresa ofreció 3,000 dólares mensuales por catar mariguana”. (sic). Parecía una broma, pero no lo fue ya que la publicación detallaba que, en Estados Unidos, una empresa distribuidora de productos elaborados a base de marihuana lanzó, en 2019, una convocatoria para un puesto de trabajo como catador cannábico. “Buscamos a alguien capaz de evaluar una amplia variedad de productos relacionados con el cannabis, y de elaborar reportes objetivos de dichos productos”, refiere el contenido.

 

De acuerdo a la publicación fumar marihuana no era la única tarea que se esperaba del catador o la catadora. “No esperes que te contratemos solamente para fumar. Estamos buscando una persona con un extenso conocimiento general de la marihuana, a fin de transmitir dicho conocimiento a nuestros lectores.”

 

Desde luego que llama poderosamente la atención porque, tanto en cualquier parte del mundo, como en México, este hecho conjuga dos elementos esenciales que busca todo profesionista en su proyecto de vida: “Disfrutar lo que haces y, aparte, recibir un salario” ¡El sueño dorado!

 

Además, demuestra la atención de una necesidad específica de un sector, como lo hacen los catadores de vinos, del tequila, el mezcal, el chocolate, del café o de comida; ámbitos en los cuales muchas personas se dedican y viven de ello. El tema de la marihuana, en nuestro país, ha tenido distintos momentos de visibilidad en la discusión pública, sobre todo en los últimos dos años por la iniciativa de su legalización.

 

Su mayor trascendencia llegó el pasado 19 de noviembre con la decisión del Senado de la República para aprobar la despenalización del uso lúdico de la marihuana.

 

Más allá de estar a favor o en  contra de la legalización de la marihuana y sus consecuencias, quiero referir que por décadas ha significado una fuente de riqueza que ha permeado a unos segmentos de la sociedad desatando diversas implicaciones, y que se ha vuelto un tema de mayor interés para México desde que varios países, accedieron a su uso recreativo y su distribución, ya sea a través de vendedores autorizados (como en California, EU) u organizaciones federales encargadas de manejar el mercado de la marihuana (como en Canadá).

 

Es innegable que, durante décadas, la marihuana ha sido la droga ilegal más consumida del mundo, no obstante, el mercado medicinal del cannabis ha experimentado una verdadera expansión en los últimos años; al respecto, se dice que, casi cada mes un nuevo país legaliza el cannabis con dicho propósito.

 

Si bien Israel, Canadá y Holanda pueden considerarse entre los países pioneros, en la autorización del uso terapéutico del cannabis en 1992, 1999 y 2001, respectivamente, las iniciativas para despenalizarla se han impulsado por Europa (Alemania, Grecia, República Checa, Polonia, Eslovenia, Luxemburgo y Suiza), Oceanía (Australia y Nueva Zelanda) y Latinoamérica (Uruguay, Colombia, Chile, Argentina, Perú, Paraguay).

 

El que la ONU haya reconocido esta semana las propiedades medicinales de la hierba y la haya eliminado del capítulo 4º es un paso en la dirección correcta y da certidumbre a las investigaciones sobre las sustancias que han tenido efectos prometedores en el tratamiento de diversos males

 

En México, los promotores de la despenalización argumentan firmemente, por un lado, que se debe de dejar atrás el contexto ilegal y promover formas de aprovechar los beneficios de esta planta, como lo hacen otros países del mundo; prevén, además, que desaparecería el narcotráfico con cual el Estado regularía la producción, distribución y consumo -como ocurre con las drogas legales-, generando ahorros de dinero hasta hoy destinado a al combate contra las drogas. Por otro lado, indican que se incrementaría la generación de empleos, habría mayor recaudación de impuestos y aumentarían las opciones de fármacos y tratamientos en el sector médico.

 

Es así como México se encamina al rumbo que han emprendido otros países cuyas experiencias, sin duda, serán más que referencias para quienes concreten el proceso de despenalizar la marihuana, aún sin que ello sea el sentir de la población.

 

Respecto de ello, cabe mencionar los resultados de una encuesta publicada hace unos días en un diario de circulación nacional, la cual refiere que el 58% de los mexicanos está en contra de legalizar la mariguana. Más aún, los datos indican que el porcentaje de los que están de acuerdo pasó de 47% en 2019 a 38% en 2020.

 

Por encima de estos datos, persiste el temor de que con la legalización de la marihuana los jóvenes y adolescentes puedan acceder a ella con mayor facilidad en todos los ámbitos donde se desarrollan y, particularmente, en las escuelas donde si deberá mantenerse la prohibición.

En ese contexto, es justo en este punto donde las instituciones y las autoridades de educación, de todos los niveles, deberán cumplir, una vez más, su misión para consolidar una educación de calidad, donde el respeto a la libertad individual sea la base para que las personas tomen decisiones respecto de sus consumos, hábitos saludables y autocuidado.

 

Será esencial, educar a los consumidores de marihuana –ya sea por aspectos médicos o recreativos-, ayudará a que, sin dejar solo en el gobierno la responsabilidad, haya consumo sensato.

 

La regulación implica reglamentar las condiciones en que se produce y vende la droga, es decir, ofrecer información sobre su contenido (como con las medicinas y alimentos), normar y vigilar el proceso productivo (cosecha, cultivo, manufacturación, embalaje, etc.) para que el producto cumpla controles de calidad y no dañe la ecología; en cuanto a la comercialización es necesario establecer criterios para controlar la publicidad, reglamentar el consumo y gravar fiscalmente al comerciante.

 

Mucho dependerá de la fortaleza cultural, los valores, la educación y la difusión que reciba cada persona, desde la población infantil hasta los adultos mayores, el cambio en el estigma de la marihuana

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