Opinión


Huesos en todas partes: los feminicidios en México

Huesos en todas partes: los feminicidios en México | La Crónica de Hoy

Mientras continúen surgiendo todos los días noticas de mujeres desaparecidas, todas jovensísimas o niñas,  sin mencionar ahora las muchas que dan aviso de hombres jóvenes y niños a los que sus familias buscan con desesperación, viviremos en la total incertidumbre,  en un país martirizado por la violencia. Hace un par de días, la titular de la Fiscalía General de Justicia (FGJ) del Gobierno de la Ciudad de México, Ernestina Godoy Ramos, advirtió que el promedio de feminicidios pasó de seis carpetas en 2019 a 6.1 en 2020 (cada quien cuenta según lo suyo). Carlos Puig, en su columna del diario Milenio, apuntó hace unos días, que la tasa de feminicidios fue  de  1.6 por cada 100 mil mujeres durante el año 2019, lo que significa, explica Puig, que 2.7 mujeres son asesinadas por ser mujeres. Me queda más claro este número que las 6.1 carpetas. 

Resulta sobrecogedor, más que los fríos números, leer la historias de madres  que, si bien les va, logran encontrar el cadáver de la hija amada, enterrado en cualquier lugar. 

Pertenezco a la generación que creció bajo la amenaza de la bomba atómica. Los niños y adolescentes pensábamos entonces en que era posible, de un momento a otro, que el presidente en turno de Estados Unidos o el Soviet Supremo llamaría por el teléfono rojo a su contrincante para avisar que se desataba la guerra. Entonces el mundo entero moriría bajo e hongo inmenso de una explosión sin precedentes, salvo aquellos personas que se guarecieran en Mérida (sic), Yucatán. Otro aspecto  fue que los padres de mi generación se enteraron de los horrores ocurridos durante el Holocausto Nazi, de las purgas stalinistas , de la persecución incesante a los rojos durante el franquismo : la violencia en su máxima expresión.  Luego, en plena adolescencia, la guerra de Vietnam  nos estalló en la cara. Todos recordamos la fotografía “Ejecución en Saigón” de Eddie Adams, que el año pasado cumplió 50 años de haberse tomado.  Y qué decir de otras guerras, de otros momentos brutales en la Historia.  Pero caminábamos tranquilos por las calles de México.

La violencia es inherente a casi todos los animales de la Tierra, empezando por nosotros, claro está, los seres humanos. En su El malestar en la cultura (1930), grosso modo, Sigmund Freud abordó la necesaria restricción de las tendencias agresivas en las personas que viven bajo una estructura cultural. La civilización  necesariamente debe mitigar la cólera brutal a cambio de seguridad. Para los agresores deben imponerse medidas coercitivas y castigar sus delitos .

Como sabemos, la violencia, sin embargo, brota. Hanna Arendt en Sobre la violencia (1975) recoge cómo para Hegel el ser humano se produce a sí mismo mediante el pensamiento; para Marx, las personas se conciben a sí mismas por medio del trabajo que  ejercen y para Sartre la violencia irreprimible nos recrea a todos nosotros . Terrible convicción, pero cierto para muchos hombres y mujeres, si bien sabemos que en el universo patriarcal que aún nos abraza, son los hombres los que han  desplegado con más ahínco sus pulsiones agresivas contra las mujeres. Y por esto el feminismo es absolutamente necesario. La violencia contra las mujeres ha perdurado desde hace 4000 años. A veces debido a la intromisión de Estado y de los hombres para decidir sobre el cuerpo de las mujeres y otras para borrarlas del mapa a punta de cuchilladas o de balas. 

En este noviembre que ya se acaba, la madre de una víctima de feminicidio, Soledad Jarquín, acudió a la mañanera del martes para entregar una carta al presidente López Obrador firmada por 18 mil mujeres pidiéndole que ponga un alto al feminicidio (Reforma, 21 de nov). La hija de la señora Jarquín, la fotoperiodista María del Sol Cruz Jarquín, fue asesinada en Oaxaca el 2 de junio de 2018, sin que ninguna autoridad oaxaqueña haya hecho nada por resolver el caso.  Entre otros datos, la misiva entregada da el  dato  de 2 mil 532 mujeres que han sido asesinadas este año y agrega que la respuesta de la justicia, hasta ahora, resulta  mínima. Hay quienes contabilizan cifras mayores de feminicidios.

Sea debido a la “trata”, al demonio del narco, a la misoginia o a la locura, se debe buscar a los perpetuadores de los feminicidios porque hasta ahora disfrutan de absoluta impunidad en nuestro país.

Termino con una cita de Huesos en el desierto del escritor Sergio González Rodríguez (1950-2017), que inquirió en el horror de las muertas de Juárez, asesinatos ocurridos a finales de los años noventa del siglo pasado y a principios del siglo XXI :

En México , es muy peligroso indagar los nexos del poder político y el crimen organizado, pero no tanto como el hecho de ser una mujer y vivir en una sociedad que, día tras día, descubre cuánto su rostro tiende a multiplicar en otras partes la desolación de Ciudad Juárez.

 

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