Opinión


Espacios educativos: la no reproducción de desigualdades contextuales

Espacios educativos: la no reproducción de desigualdades contextuales | La Crónica de Hoy

La conformación social de nuestro país demuestra las múltiples dimensiones desde donde los ciudadanos construyen una trayectoria educativa, de movilidad e inserción laboral, y, a su vez, hacen visibles aspectos de desigualdad que repercuten en el desarrollo de las personas y en la consolidación de sus proyectos de vida.

A lo largo del tiempo se puede ver que en México la desigualdad se vive con naturalidad y tolerancia. Desde luego diversos son los factores que determinan e incrementan las desigualdades, no obstante, muchos esfuerzos institucionales, individuales y colectivos siguen apostando a la construcción de una herramienta democratizadora que permita eliminarla, es decir, mantienen en la educación la esperanza para acceder a una sociedad más igualitaria, con mejores oportunidades y espacios de desarrollo y bienestar.

Mucho se puede referir sobre la educación a la que cada mexicano tiene acceso, desde el tipo de educación (pública o privada) nivel (básico, medio, medio superior o superior) accesibilidad y disponibilidad; recursos y apoyos (didácticos, tecnólogicos, laboratorios) entre otros aspectos.

Como parte de ello, se sabe que en México la calidad de la educación está significativamente determinada por el lugar de residencia, los sectores más vulnerables reciben una educación más deficiente, por lo que debe ser complementada al momento de ingresar a los niveles siguientes, si es que tienen la oportunidad para hacerlo. En la actualidad, el éxito educativo esta asociado al nivel socioeconómico, de ahí la necesidad de rescatar la función de la educación como un mecanismo que contribuya a eliminar las desigualdades sociales, así como el de asegurar no sólo el acceso a la educación, sino que ésta sea continua y de calidad.

En la ciudad de México, particularmente, se materializan los efectos de esta inserción desigual, albergando escenarios en los que ricos y pobres viven en proximidad. De acuerdo a datos del CONEVAL (2018), cerca de 30.6% de la población vive en situación de pobreza, con una distribución de ingresos altamente inequitativa y una nula movilidad social, sin embargo, en sus diversos espacios se favorece el encuentro entre diversos sectores, y son en las instituciones educativas, por su finalidad y por el tipo de actividades que realizan, donde más se propicia la interacción.

De esta manera, los espacios educativos son los lugares donde tiene lugar la comprensión del mundo, de sus relaciones y de las estructuras que conforman la sociedad, además resultan ser de especial interés e importancia en la construcción de identidad, en el sentido de pertenencia e interacción. Las escuelas son espacios de carácter institucionalizado, orientados al aprendizaje, y, en ellas, se van internalizando los modelos para relacionarse con otras personas.

Es ahí donde se enfrenta por primera vez la otredad y se forma una idea de la estructura social y el lugar que se ocupa en ella; se toma consciencia, además, de las diferencias y las desventajas socioeconómicas entre distintos sectores.

Sin duda, en este tipo de instituciones, el estudiantado tendrá la ventaja de construir redes sociales y acceder a oportunidades que le permitirán, en un futuro, acceder a la movilidad social.

En el caso de la educación superior, en las universidades públicas en la Ciudad de México, se observa una división basada en las capacidades económicas y en la calidad de la educación recibida en los años anteriores. A pesar de ser una de las ciudades con el mayor número de instituciones de educación superior, sólo tres de cada 10 jóvenes de entre 18 y 22 años tienen la oportunidad de estudiar en ellas.

Un claro ejemplo de lo expuesto sobre las desigualdades, se observa en los campus de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), donde son muy palpables las diferencias socioeconómicas de perfiles de alumnos con respecto a las facultades en las que estudian. Así, por ejemplo, la Facultad de Arquitectura concentra un gran porcentaje de la población universitaria con perfiles socioeconómicos altos; por el contrario, las carreras del área de ciencias sociales (Trabajo Social, Sociología, Antropología, Ciencia Política y Administración Pública, entre otras) concentran un gran porcentaje de la población universitaria con perfiles socioeconómicos bajos. 

Así, resulta claro que estudiar en la Facultad de Arquitectura tiene un costo elevado (independiente al de la colegiatura), debido, entre otras cosas, a los gastos en diversos materiales para la realización de proyectos, resultando entonces que la elección de estudiar esta licenciatura está directamente ligado al perfil socioeconómico del individuo.

Los efectos de la elección y el acceso a una carrera universitaria no se limitan sólo al ámbito educativo, sino que impactan en toda trayectoria de vida, en la propia inserción en el mundo y en las oportunidades de desarrollo personal y profesional. En este sentido, la exclusión educativa, por la falta de oportunidades para ingresar a la universidad pública, es un obstáculo vinculado a la desigualdad social, lo que genera una educación diferenciada y elitista.

El fenómeno del elitismo en la educación superior se ha consolidado con el paso del tiempo, dándole vigencia al tema del estatus y de las clases sociales, donde se imponen patrones de socialización y se acentúa la desintegración social.

Frente a este panorama, la propuesta de el sistema de universidades Benito Juárez y las opciones de licenciaturas en linea con que cuenta la Secretaría de Educación Pública son proyectos que generan un contrapeso para aminorar el elitismo, la exclusividad y la desigualdad imperantes en nuestro país. Indudablemente la calidad educativa a la que accedan los sectores más vulnerables sería el mecanismo para revertir los círculos de desigualdades y contribuiría eliminar la deserción escolar, aseguraría el acceso a los siguientes niveles educativos y garantizaría una mejor preparación hacia la inserción profesional.

En todo caso, si consideramos a la educación como una palanca del desarrollo personal, la movilidad social, la inserción laboral y el bienestar social, tenemos mucho trabajo por hacer.

 

Twitter: @UlisesLaraCDMX

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