Opinión


El contribuyente en su laberinto. Carta abierta a Raquel Buenrostro, Jefa del SAT

El contribuyente en su laberinto. Carta abierta a Raquel Buenrostro, Jefa del SAT | La Crónica de Hoy

Estimada Mtra. Buenrostro:

Soy un contribuyente atrapado en eso que tanto tememos cuando pensamos en los regímenes fiscales como un laberinto insondable que le complica la vida al ciudadano de a pie, que simplemente intenta regularizar su situación y mantenerse al corriente de sus obligaciones y derechos. 

Le expongo mi caso una vez  que (tras dos citas  infructuosas en la oficina de recaudación que me corresponde -la número 2 de la Ciudad de México, ubicada en la Torre del Caballito-, una solicitud de aclaración a través del portal del SAT, y un sinfín de llamadas a su línea de atención a  los contribuyentes)  me encuentro en un punto muerto, sin poder resolver algo que parecería elemental: obtener una línea de captura para pagar un adeudo fiscal  derivado de una multa, y poder de esta forma  reactivar la generación de mis facturas que se encuentran bloqueadas. 

Es decir, no puedo cobrar por mi trabajo como profesionista independiente, porque un adeudo con el SAT me lo impide, pero tampoco puedo resolver dicho adeudo –como es mi mejor intención-, porque no me entregan el documento que me permita realizar el pago. Un callejón sin salida, un laberinto sin escape. 

Lo expongo además, porque me parece que el mío describe un problema que afecta a otros contribuyentes, y porque las dificultades que le ha representado la pandemia a los servicios del SAT son un asunto de interés público, y finalmente, un problema que afecta  a una de las zonas más sensibles de nuestra economía nacional: la recaudación de impuestos.

Soy, por otra parte, un contribuyente que se ha visto afectado por la saturación del sistema de citas en línea, la venta de las mismas, y la casi imposible misión de obtener vía telefónica la asesoría de un representante del SAT. 

Como usted misma lo denunció públicamente hace unos días, se han descubierto  contubernios entre trabajadores del SAT y despachos contables, para saturar, reventar y poner a la venta el sistema de citas. Soy, como decía, uno de los afectados de esta situación y por ello me parece necesario que tenga usted conocimiento del caso que expongo a continuación: 

Desde principios del mes de octubre, cuando supe que no podría generar facturas para cobrar mi trabajo como periodista y escritor a causa de un adeudo fiscal, intenté solicitar una cita de cobranzas a través del portar del SAT para resolver el problema. Lo intenté sin éxito en innumerables ocasiones por espacio de tres semanas, hasta que finalmente se abrió una ventana que me permitió obtener una cita el 3 de noviembre  en la oficina número 1 de la Ciudad de México, localizada en Bahía de Santa Bárbara. 

Acudí a la cita con la confianza que pronto se resolvería mi situación, sólo para saber por voz del funcionario en turno que no me correspondía dicha oficina, y que tenía que acudir a la número 2, de la Torre del Caballito. Me recomendó que en ese mismo momento acudiera a la oficina 2 y me aseguró que tendrían que respetar mi cita, pero no fue así. Al llegar a la numero 2 me dijeron que sólo con una nueva cita podrían atenderme. Regresé a la casa, e intenté obtener la  nueva cita a través del portal. No lo conseguí.  

A la búsqueda de opciones  el 4 de noviembre, a través de mi cuenta de Twitter (@edgardobermejo) publiqué un mensaje solicitando la orientación y el apoyo de la Directora de Comunicación Social de la Secretaria de Hacienda, Julieta Brambila (@jabrambila) y de la propia cuenta del SAT (@SATMX), pero no obtuve respuesta.

Para mi sorpresa, y como una de las magias temibles de los algoritmos que vigilan las redes sociales, un día después me apareció en mi cuenta de Facebook la invitación para unirme a un grupo llamado “Grupo de Asesoría SAT”. Me registré, expuse mi situación de no poder obtener en línea una cita, y enseguida me  respondieron diversas personas ofreciéndome tramitar la cita a cambio de un pago realmente menor pero sin lugar a dudas irregular: 200 pesos.

Sin más remedio que depender y  confiar en este “servicio”, obtuve al día siguiente la  cita que no pude realizar yo mismo luego de decenas de intentos. Mi cita de cobranzas quedó registrada en el sistema para acudir el 19 de noviembre a la oficina 2.  Semanas de intentos infructuosos, y muchas horas en línea a la búsqueda de una cita, se resolvieron en menos de 24 horas con la “ayuda” de un “gestor”. 

Ya con la cita en mi haber, la salida al laberinto parecía cercana, confiaba en que me darían la línea de captura para pagar mi adeudo y reactivar lo antes posible la generación de mis facturas. No fue así. En mi cita me dijeron que en vista de que había cambiado en el último año de dirección fiscal, tendría que hacerse un trámite para actualizar mi expediente, pero me aseguraron que a la vuelta de cuatro días recibiría un correo electrónico con la línea de captura para realizar el pago correspondiente.

No ocurrió. Quince días después acudí  de nuevo a la oficina 2, sin cita, para preguntar el estado de mi solicitud, y  el funcionario que me atendió en la primera ocasión me dijo que tendría que llegarme ese mismo día o al día siguiente,  pero de nuevo no ocurrió. 

Con otros 200 pesos de por medio, y una nueva cita, acudí el pasado miércoles 2 de diciembre para preguntar por los motivos para no haber recibido la línea de captura para pagar mi adeudo. Me respondieron que es complicado por el cambio de domicilio, que podría tardar hasta seis meses, y cuando supliqué que me dieran alguna alternativa  vino otro funcionario que  se presentó  como el “jefe del departamento” para sugerirme que además de esperar, me queda la opción de presentar mi queja ante la Procuraduría de Defensa del Contribuyente.

Sigo en el laberinto. El mío, como le he dicho, no debe ser más que un caso más entre miles, pero no es en modo alguno un consuelo.

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