Opinión


El conservador eres tú

El conservador eres tú | La Crónica de Hoy

A la memoria de

Paulina Fernández Christlieb

 

El 21 de febrero, en La Paz, Baja California Sur, ante una pregunta sobre el paro feminista del 9 de marzo, el presidente Andrés Manuel López Obrador declaró que estaba de acuerdo con las demandas de ese movimiento, pero dijo “nada más que mucho ojo…porque ahora los conservadores se volvieron feministas.” Y es que la idea de llevar a cabo una huelga a nivel nacional, al día siguiente del Día Internacional de la Mujer, vino del colectivo veracruzano Las Brujas del Mar, cuya vocera es Arussi Unda. Ella, junto con sus familiares, fueron a una conferencia que dictó Felipe Calderón y se tomó una foto con él.

La semana pasada, Pepe Cárdenas, en su programa radiofónico (103.3 FM) vespertino, entrevistó a Arussi y le preguntó sobre el posible vínculo político y financiero entre Las Brujas del Mar y el expresidente panista; la respuesta fue una sonora carcajada. No obstante, de allí se ha agarrado AMLO para acusar al movimiento feminista de estar infiltrado por los conservadores.

En efecto, López Obrador no ha perdido ocasión para vincular la actual lucha de las mujeres con el conservadurismo, y así descalificarla. En otra oportunidad sostuvo: “Los que ahora están promoviendo soterradamente este movimiento—no todos ni todas—pero para enfrentar al gobierno, para afectar al gobierno, claro que está la derecha metida, los conservadores.”

Ante dos hechos inéditos en la historia de México, es decir, una marcha de puras mujeres (entre 80 y 100 mil) llevada a cabo el 8 de marzo y, al día siguiente, el paro nacional “Un día sin nosotras”, cuya exigencia fundamental fue que cesara la violencia contra la mujer y, en especial, que se tomaran medidas contra los feminicidios, el 10 de marzo en la mañanera, AMLO contestó que no cambiará su estrategia de seguridad: “Vamos a reforzar la misma estrategia de enfrentar las causas.” O sea, no entendió nada. Es obvio que se necesitan acciones inmediatas para enfrentar la inseguridad en ascenso que sobre todo afecta a las mujeres; atender las causas, en el mejor de los casos, tendrá efectos a mediano y largo plazo.

Nadie duda que AMLO es un político astuto, pero tiene serias limitaciones intelectuales: lo ocurrido el domingo y el lunes representa un desafío a la cultura machista y patriarcal que ha prevalecido en nuestro país. Es un ¡ya basta!, frente al sojuzgamiento que han sufrido las mujeres mexicanas y que se ha agudizado en los últimos tiempos con los malos tratos en el hogar, el acoso sexual y laboral, las violaciones, las amenazas, el miedo a salir a la calle, los tocamientos y roces en el transporte público.

Parte fundamental del conservadurismo es mantener a la mujer en el papel subordinado que le ha asignado “la tradición”. Desde esa perspectiva, López Obrador es un conservador nato, al menos por dos razones: 1) Está queriendo evadir su responsabilidad de cumplir con la más elemental de las atribuciones de cualquier gobernante, que es la de garantizar la seguridad de las personas; 2) Desdeña un fenómeno que nunca antes se había presentado con tal fuerza en nuestro país sólo por el hecho de que no es un movimiento controlado por él, sin percatarse que el feminismo mexicano tiene una connotación progresista indiscutible.

Pero el conservadurismo de López Obrador se extiende a otros campos. Por ejemplo, ha convertido el foro de las mañaneras en un púlpito desde el cual lanza moralinas como la de que hay que procurar el bienestar material y el bienestar del alma, cuando bien sabemos que el laicismo postula que la autoridad civil no debe meterse en cuestiones religiosas y viceversa.

En julio de 2019, siete mil templos afiliados a la Confraternidad Nacional de Iglesias Cristianas Evangélicas (Confraternice) empezaron a repartir 10 mil ejemplares de la Cartilla Moral impresa por el gobierno federal para promover “una transformación espiritual” de la sociedad mexicana. (­Proceso, 5/VII/2019).

Se trata de una ostensible traición al liberalismo juarista que combatió al clericalismo. Habría que recordarle a AMLO que la modernidad política y jurídica se conquistó a través de la tajante distinción entre la moral y el derecho: “De mis actos internos soy responsable frente a mi conciencia; de mis actos externos soy responsable frente a los demás” (Immanuel Kant). Con base en este principio se le fijaron límites infranqueables tanto a la autoridad civil como a la autoridad eclesiástica.

Otra parte fundamental del progresismo es la democracia, por medio de la cual las personas adquirieron derechos políticos, es decir, el derecho de participar (directa o indirectamente) en la vida pública. Uno de los grandes avances en este sentido fue el reconocimiento del derecho al voto de las mujeres, hecho que ocurrió durante el sexenio de don Adolfo Ruiz Cortines (1952-1958). Ésa fue la parte formal que ahora las mujeres exigen cobre plena efectividad en la práctica.

Pues bien, para nadie es un secreto que AMLO ha hecho de todo para revertir el proceso de democratización: rehabilitación del presidencialismo autoritario; pulverización del sistema de partidos, ataques a la autoridad electoral (INE). Eso tiene un nombre muy preciso: conservadurismo.

 

 

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