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El asalto demócrata al Senado, una realidad más viable que nunca

Los republicanos se juegan 23 escaños, por 12 que ponen sobre la mesa los demócratas. Según las proyecciones de RealClearPolitics, hay una posibilidad real de desbancar a Mitch McConnell en la cámara alta y materializar un amplio poder progresista si Joe Biden gana la presidencia

El asalto demócrata al Senado, una realidad más viable que nunca | La Crónica de Hoy

Chuck Schumer, líder demócrata en el Senado, en una rueda de prensa contra Mitch McConnell, en septiembre (EFE).

A estas alturas, todo el mundo sabe que el 3 de novembre próximo se celebran las elecciones presidenciales en Estados Unidos. Sin embargo, ese día también se renuevan 35 escaños del Senado, algo más de un tercio del total, y la relativamente estrecha mayoría republicana, sumada al hecho que de esos asientos en juego, 23 los ocupan actualmente senadores republicanos, hace que en el país vecino también haya un enorme interés en el devenir de estas elecciones locales. Especialmente, ante la posibilidad de que los demócratas, que se juegan los otros 12 escaños, logren arrebatar a Mitch McConnell, el control de la cámara alta.

El Senado siempre ha sido muy relevante en la política de Estados Unidos, pero nunca tanto como ahora. Seis años de enconamiento, en los que el líder republicano –McConnell, senador por Kentucky— ha convertido la cámara alta en un campo de batalla en el que torpedear todas las iniciativas que no le gustan, fueran del expresidente Barack Obama o incluso del actual mandatario, Donald Trump, han llevado la importancia de la cámara a nuevos máximos.

El de McConnell es uno de los 23 asientos republicanos en juego, y aunque las encuestas afirman que logrará retenerlo –tiene alrededor de 10 puntos de ventaja frente a la demócrata Amy McGrath—, los de muchos de sus compañeros sí corren peligro. Uno de ellos es el de otro ilustre y polémico senador, el sureño Lindsey Graham, representante por Carolina del Sur.

RÉCORD DE RECAUDACIÓN

Su escaño es el mejor ejemplo del inmenso interés, sobre todo, demócrata, en esta elección. Graham se ha caracterizado por defender a ultranza la mayor parte de las decisiones polémicas de Trump en temas como inmigración, y aunque ha llegado a criticarle en asuntos como política exterior, su historial es suficiente para que los donantes progresistas se hayan concentrado en tratar de arrebatarle el puesto. Tal ha sido la motivación, que el pasado 11 de octubre, el rival de Graham, el afroamericano Jaime Harrison, logró batir el récord de recaudación en una campaña para el Senado, con 57 millones de dólares. Ese esfuerzo colectivo ha logrado que el senador republicano, de quien hasta hace poco se daba por segura la reelección, tenga ahora apenas unos 5 puntos de ventaja sobre su rival. Suficiente para que RealClearPolitics considere que el estado es un toss up, es decir, un cara o cruz.

Los seis años de erosión que McConnell ha provocado en el normal funcionamiento del Senado y su aversión al diálogo y al entendimiento entre ambos partidos son una parte del porqué los demócratas están poniendo tanto empeño en recuperar la cámara alta. La otra parte, más reciente, se resume, por un lado, en que la razonable ventaja de Joe Biden en las encuestas –de alrededor de 8 puntos en el voto a nivel nacional y de alrededor de 4 puntos en los estados clave— permite a sus correligionarios dedicar esfuerzos a otras causas, y por otro, el estallido de la polémica por la Corte Suprema.

¿EL ÚLTIMO LOGRO DE GINSBURG?

Es difícil poner en palabras la irritación, cuando no directamente furia, que ha causado entre los demócratas la decisión republicana de ignorar todos los procedimientos normales e imponer a la candidata de Trump a la alta corte para reemplazar a la jueza liberal e ícono feminista Ruth Bader Ginsburg, fallecida hace cinco semanas, en pleno proceso electoral. También apodada, RBG, la jueza pidió cómo última voluntad que se le sustituyera en la próxima legislatura, a partir de enero, pero McConnell usó el mismo tuit en que mandaba condolencias por su muerte para anunciar que la reemplazarían inmediatamente.

La elegida, Amy Coney Barrett, una joven jueza ultracatólica, será confirmada con total seguridad por la mayoría republicana en el Senado este mismo lunes.

LO QUE DICEN LAS ENCUESTAS

Pero, yendo al grano: ¿Cuáles son las opciones reales de los demócratas de recuperar la cámara alta? Elevadas pero no abrumadoras. Regresando al panorama que dibuja RealClearPolitics, el portal, de ligera tendencia conservadora, apunta a que ahora mismo hay 45 escaños seguros para los demócratas (dos menos de los 47 que tienen) y 46 para los republicanos (siete menos de los 53 que tienen), mientras que hay 9 asientos en disputa. El portal realiza también una proyección sin guardar prudencia, y esa vaticina que los demócratas lograrán 51 escaños, por 49 de los republicanos.

En este escenario, los republicanos lograrían arrebatar a los demócratas 1 escaño, en Alabama, mientras que la situación inversa se viviría en hasta 5 estados: Arizona –donde lograría al cargo el famoso exastronauta Mark Kelly—, Colorado –donde ganaría el exgobernador John Hickenlooper—, Iowa, Maine –donde quedaría fuera la polémica senadora moderada republicana Susan Collins— y Carolina del Norte.

Por supuesto, no hay nada seguro, pero si este escenario se produce, y Joe Biden gana la elección –cosa que incluso Trump parece empezar a asumir, con base en sus recientes comentarios públicos— los demócratas podrían lograr un poder absoluto durante al menos hasta las elecciones intermedias de 2022, pues se da por descontado que lograrán retener holgadamente la Cámara de Diputados, que controlan desde las intermedias de 2018.

LLANTO Y PREOCUPACIÓN

No es de extrañar, pues, que Lindsey Graham lleve semanas haciendo campaña no en las calles y en las plazas de los pueblos y ciudades de su estado sino en los platós de Fox News, suplicando a los suyos que donen tanto como puedan a su campaña: “Ayúdenme, por favor; nos están matando en cuanto a dinero”, repite Graham mirando a cámara con cara de perrito callejero hambriento.

Y por si ver al senador chillando en televisión no fuera suficiente, The Washington Post reportó este sábado que el presidente Trump admitió el jueves en una llamada con donantes que les “costará mucho” retener el control del Senado. No hay nada seguro, pero hay motivos para el optimismo demócrata.

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