Opinión


Educar para no bursatilizar el agua

Educar para no bursatilizar el agua | La Crónica de Hoy

Hace unos días una noticia que acaparó diversos espacios e inundó las redes, llamó completamente mi atención: el agua, la base de la vida en la Tierra, comenzó a cotizar en el llamado “mercado de futuro” de materias primas, derivado de ello ahora su precio fluctuará como lo hacen el oro, el trigo o el petróleo.

A pesar de que muchos no entendemos completamente sobre el funcionamiento de este mercado o sobre la forma en que impactará en la economía global por el hecho de que inversionistas de California empiecen a negociar con el preciado líquido, de inmediato surgieron preocupaciones en torno a lo que ocurrirá ante la escasez de este recurso natural que es sustento de la vida en el planeta, recordemos que cerca del 70% de su superficie está cubierta de agua, pero sólo el 3.5 % es agua dulce, de ello el 0.5% se encuentra en depósitos subterráneos y el 0.01% en ríos y lagos.

Además, es esencial en cada ser vivo; la cantidad de agua presente en el cuerpo humano puede ser hasta del 75 %, la sangre es 80 % agua, y órganos como el cerebro y los pulmones están compuestos por 70 % y 90 % de agua, respectivamente. Y se dice que el 92 % del agua que se ocupa diariamente es para producir una gran variedad de alimentos que ingerimos cotidianamente. La inmensa mayoría de objetos que nos rodean son consumidores de agua; algunas veces forma parte del mismo producto y en otras es necesaria en los procesos de fabricación.

Al respecto, cabe recordar el concepto de la huella hídrica o huella de agua, creado en 2002 por el Catedrático Arjen Y. Hoekstra, que ha alcanzando gran importancia en el ámbito de la educación ambiental y su práctica en la conservación del medio ambiente, siendo un tema estrechamente relacionado con la formación personal y comunitaria para permitir enfrentar la ausencia de una cultura del cuidado del agua y de su aprovechamiento racional, lo que ha causado que su extracción del subsuelo se haya  triplicado en últimos años y que cada vez sea más grande la presión sobre los recursos hídricos.

Gran parte de los mexicanos, sin duda recordarán el eslogan “Gota a gota el agua se agota” o el de “¡Cuídala un chorro!” dirigidos a sensibilizar precisamente sobre la importancia de cuidar el agua y que, al permanecer en nuestra memoria, nos invita y exige buscar alternativas de solución creativas y viables para disminuir afectaciones en el medio ambiente, sea en el ámbito global, regional o local, atendiendo sus necesidades específicas.

La Ciudad de México, por ejemplo, siendo una de las más pobladas del mundo y, por ende, con una gigantesca problemática relacionada con el abasto de agua, con la implementación del programa “Cosecha de Lluvia”, cuyo objetivo es que los ciudadanos de las zonas que más carecen de agua para uso doméstico aprovechen las precipitaciones y puedan tener una fuente de abastecimiento, logró beneficiar a 100 mil personas mediante la instalación de 20 mil 145 sistemas de captación y almacenamiento de agua de lluvia durante 2019 y 2020.

En otros ámbitos, los esfuerzos de búsqueda siguen enfocados a descubrir más sobre una de las sustancias más enigmáticas de la naturaleza; un equipo de investigación ha conseguido transformar agua salobre y agua de mar en agua potable en menos de 30 minutos, utilizando marcos de metal-orgánicos (MOF) y luz solar. Los investigadores no sólo filtraron partículas dañinas del agua y generar 139,5 litros de agua limpia por kilogramo de MOF por día, sino que también realizaron esta tarea de manera más eficiente que las prácticas actuales de desalación. El descubrimiento podría proporcionar agua potable a millones de personas en todo el mundo.

Los ejemplos de investigación se multiplican y llegamos a comprenderlos mejor, pero también nos cuesta trabajo entender que el agua comienza a cotizar en el mercado de futuros de materias primas de Wall Street, y, por ejemplo, que un grupo de agricultores se proteja de los efectos de una sequía adquiriendo futuros en ese índice; así, si hay escasez de agua, reciben el dinero estipulado en su contrato para compensar la falta del líquido, es decir, “pago hoy, garantizo un precio e intento que esté blindado hasta un momento futuro”.

Pero, ante ello, lo que no debemos hacer a un lado es la responsabilidad en la educación y en la participación de cada uno de nosotros para contribuir a una nueva Cultura del Agua, que unifique valores como el de su carácter público, su protección, ahorro, conservación y su utilización racional y eficiente, que permita mejorar la relación entre la sociedad y la naturaleza, evitando crisis ambientales y humanitarias a casusa del vital líquido.

Más allá de esperar a que las políticas públicas implementadas por los gobiernos propicien en la sociedad esa cultura del agua, debemos ser parte activa de procesos de aprendizaje que modifiquen nuestros conceptos, actitudes y comportamientos individuales y colectivos ante nuestro medioambiente.

Queda claro entonces que el reto mayor a favor de una mejor relación entre la sociedad y el agua comienza por la defensa del bien público y la soberanía de nuestro pueblo sobre éste. Mientras unos piensan en sus inversiones bursátiles, otros debemos educarnos en mantener habitable y sostenible el planeta, empezando por ese elemento primitivo y perenne que es el agua.
 

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