Opinión


Diplomacia Cultural de México en 2021

Diplomacia Cultural de México en 2021 | La Crónica de Hoy

En la reunión de cónsules y embajadores de México de la semana pasada, –que por primera vez, desde que el canciller Fernando Solana creó este foro tuvo un formato virtual– se le destinó un espacio como cada año al tema de la diplomacia cultural.  Contó para ello con las presentaciones de la Secretaria de Cultura, Alejandra Frausto, y del Director Ejecutivo de esta área en la cancillería, Enrique Márquez. Ambas intervenciones se hicieron públicas a través de YouTube. Pude por ello escucharlas y tomar algunas notas que reproduzco a continuación. 
El primer aspecto que destaco de la intervención de Enrique Márquez es un cambio notable en el lenguaje y los propósitos de lo que hasta  hace poco entendíamos por diplomacia cultural, es decir, la noción más bien limitada de que era básicamente  un instrumento para la promoción del arte y la cultura de México en el mundo, o  en el mejor de los casos un mecanismo de cooperación –cuya  misión principal era la de promover a nuestro país a nivel internacional, para atraer inversiones, turismo, o fortalecer nuestra imagen en el exterior– podría quedar  atrás para dar paso a una visión más integral y menos apegada a la mera promoción y difusión de nuestros patrimonios, vivos o históricos.  
Sin desatender sus propósitos originales -la promoción y la cooperación- la diplomacia cultural contemporánea ha cambiado de centro y los pivotes que la impulsan no son ya los del pasado.
No podía ser de otra manera, la diplomacia cultural del siglo XXI se ha reorientado  en las últimas dos décadas como la plataforma de diálogo intercultural e institucional entre los Estados  y sus sociedades para abordar los grandes temas de nuestro tiempo desde una perspectiva global. No es ya, en modo alguno, un aspecto ancilar de la política exterior, condenada a ornamentar y a darle brillo a nuestras identidades locales proyectadas hacia el exterior.
La diplomacia cultural  de antaño, como espejo de nacionalismos vistosos en un afán por exaltar nuestros particularismos –lo que nos hace únicos y diferentes frente a los demás–,  ha cedido al paso a la acción múltiple y diversa de Estados, organismo multilaterales y comunidades creativas de toda índole, que conviven, pactan y construyen un nuevo edificio que resignifica lo cultural y le otorga un papel diferente a la acción misma de cooperar. 
Pasamos de subrayar nuestras particularidades idiosincráticas a buscar nuestras afinidades civilizatorias, nuestros retos comunes y a identificar juntos, desde la acción cultural,  aquello que contribuya a habitar un mejor planeta.
 La manera en que la noción misma de cultura se ha movido de lugar para colocarse como un factor fundamental  a la hora de pensar en el desarrollo sostenible de nuestro planeta, nos indica que si a la vocablo “cultura” le añadimos el ejercicio de la “diplomacia”, lo que tenemos es un instrumento de gran capacidad de expansión y adaptación para hacer del diálogo entre las naciones un espacio para repensar, en el sentido más amplio y colaborativo, los retos y las oportunidades de nuestras civilizaciones. 
La pandemia que enfrentamos sus múltiples causas, impacto y amenazas a futuro, nos han puesto de manera definitiva ante la necesidad de operar este cambio en la manera en que concebimos a la diplomacia cultural de México.
En su intervención, Enrique Márquez aludió precisamente a otros temas que no solíamos identificar como parte de una agenda para la diplomacia cultural: la salud, la alimentación, la igualdad y la seguridad. “México en la reinvención del mundo” es el nombre del programa de diplomacia cultural de la cancillería mexicana para el 2021.
Con el subtítulo “Líneas en el horizonte”, los cinco temas que se inscriben en el programa en todos los casos refieren a esta nueva manera de abordar las tareas, alcances y preocupaciones de la diplomacia cultural: “poesía y utopía para la vida”, “naturaleza y cultura”, “cultura contra la discriminación y el odio”, “la conversación entre culturas”, y “las nuevas inteligencias sociales en el cambio que se avecina”.
Falta saber cómo la introducción de estas nuevas nociones en la cartografía de nuestra diplomacia cultural mexicana habrá de traducirse en acciones concretas y programas específicos, pero por lo pronto se ha movido de lugar, y tanto la pandemia como sus efectos brutales no han sido desoídos.
En esta misma línea, la de contribuir desde la diplomacia cultural mexicana al diálogo de las civilizaciones, Alejandra Frausto mencionó el gran compromiso que adquirió México -con el respaldo de la UNESCO- para organizar y ser el país anfitrión en 2022 de la Conferencia Mundial de Políticas Culturales (Mondiacult).
México fue la sede esta conferencia en 1982 y lo será de nuevo el próximo año. Cuatro décadas después tenemos de nueva la oportunidad de organizar un encuentro mundial  que habrá de definir la manera de diseñar e instrumentar las políticas culturales del siglo XXI, y por lo tanto de colocar a México en una posición de liderazgo y visibilidad para renovar, ampliar y fortalecer nuestra tradición como un país con una diplomacia cultural vigorosa y cosmopolita. 
El  consenso alcanzado en 1982 ha sido un referente constante y un antecedente que propició la posterior elaboración y aprobación de los más recientes instrumentos normativos de la UNESCO, particularmente en materia de salvaguardia del patrimonio cultural inmaterial (Convención de 2003) y la protección y la promoción de la diversidad de las expresiones culturales (Convención de 2005), cuyos principios esenciales ya estaban reflejados, o al menos esbozados en la “Declaración de México” de aquel año. 
Revisar, adaptar y fortalecer la condición transversal, incluyente y omnipresente de los fenómenos culturales en la Agenda 2030, reconocer que sus 17 objetivos tienen una dimensión cultural, más visibles en algunos objetivos que en otros, pero presente en todos ellos, y que la cultura por lo tanto contribuye desde un lugar estratégico a los retos de esta agenda, resulta de la más alta prioridad para construir una nueva narrativa y una deontología de las políticas culturales en el siglo XXI. En esto, México y sus representaciones diplomáticas alrededor del mundo deberán  jugar un papel fundamental con rumbo a Mondiacult 2022. 
Encontrar una  nueva dimensión y nuevos propósitos globales  para la diplomacia cultural de México, y el papel activo de nuestras embajadas y consulados con rumbo a Mondiacult, son desde ahora dos retos fundamentales para nuestra diplomacia cultural en el año que comienza. 

edbermejo@yahoo.com
@edgardobermejo

 

Comentarios:

Destacado:

COLUMNAS ANTERIORES


LO MÁS LEÍDO

+ -