Opinión


Desaparecer para poder

Desaparecer para poder | La Crónica de Hoy

“Información es poder, pero como todo poder,

hay quienes quieren conservarlo para sí mismos.

Aaron Swartz  

El INAI es un organismo constitucional, público autónomo en quien descansa la obligación central de proteger datos personales, garantizar el acceso ciudadano a la información pública y así dar paso a la rendición de cuentas, es decir, que cada una de las decisiones gubernamentales (ejecutivas, legislativas y judiciales) como de los propios organismos autónomos, partidos políticos, sindicatos, fideicomisos e incluso de cualquier persona, física o moral, que reciba o ejerza recursos públicos, puede conocerse y someterse al escrutinio de la opinión pública.

La autonomía constitucional implica, en este y en cualquier otro caso, que un organismo adoptará sus determinaciones libremente, con independencia e imparcialidad, sin sujetarse a las indicaciones de ningún otro servidor público ni de otro poder, sin consultar si debe o no y, sobre todo, sin temor a represalias por afectar intereses opuestos a los colectivos o públicos.

Para que los derechos humanos de transparencia y de rendición de cuentas sean posibles, no basta la buena voluntad de una persona. Las experiencias en otras administraciones (sin distinción de colores ni partidos) demostraron justo lo contrario. La necesidad de configurar un sistema nacional de transparencia que propiciara la coordinación en lo tocante a procedimientos y políticas públicas que permitieran evidenciar abusos o decisiones cuestionables en el servicio público.

No sólo eso, el INAI es también parte integrante del Sistema Nacional Anticorrupción. Este otro sistema indispensable para la transición o consolidación de regímenes genuinamente democráticos, representa la cristalización de un esfuerzo entre la federación, las entidades federativas y los municipios para prevenir, identificar y, en su caso, sancionar administrativa o penalmente, hechos de corrupción, así como llevar a cabo la fiscalización y control de recursos públicos.

En la misma proporción en que la sociedad civil tiene acceso a la información de qué, cómo, cuándo, quién y por qué se gastan, invierten o emplean los recursos económicos, humanos y/o materiales, esa sociedad se constituye en un organismo vivo, exigente y crítico que puede evaluar el desempeño de personas en posición de poder y decidir, ulteriormente, si merecen recibir el apoyo popular.

Es cierto que el INAI es un organismo costoso ¿cuál no lo es? Desde luego, esa no es razón para suficiente para defender su existencia, como sí lo es contrastarlo con su utilidad social, con evidencia. Si la prensa, radio, televisión, la academia, la sociedad civil y, en general, la opinión pública no dispusiéramos de una herramienta útil para acceder a la información pública, escándalos de corrupción como la casa blanca, oceanografía y Pémex, Odebrecht, la estafa maestra, los Duartes, las casas de Bartlett o la triangulación de Guevara en CONADE, quizás nunca hubieran salido a la luz.

La publicidad de la información fuerza a quien la detenta, a quien ella se refiere o a quien es responsable de generarla, por lo menos, a intentar dar una explicación de su contenido pues, al final del día, su naturaleza pública nace del interés o de la relevancia que despierta, o del beneficio social que puede producir.

  Si la propuesta presidencial es eliminar al INAI y desde el gobierno asumir sus funciones, esa determinación se traducirá a la postre, casi por antonomasia, en caldo de cultivo para la opacidad, el control arbitrario de la información y la impunidad y corrupción que se usualmente se generan por los naturales conflictos de interés que aún sin intención surgen.

Quien tiene la información, tiene el poder, según aquella expandida frase hobbesiana en el Leviatán. Creo que el ángulo con que se asimila esa expresión es la clave para identificar en quién debe residir ese poder. En el gobierno como un arma para alcanzar sus propósitos, o en la sociedad crítica, a veces resistente, que en múltiples casos representrá el fracaso de intenciones gubernamentales.

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