Opinión


De sofismas, infodemias y cosas peores

De sofismas, infodemias y cosas peores | La Crónica de Hoy

Ángel Mundo López*

Anteriormente ya había cuestionado el compromiso de la actual administración con la transparencia (http://bit.do/fKKWW), no obstante, además, recientemente se vienen presentado algunas acciones por parte del gobierno que, aunque en público las proscriba, parece ser su principal promotor. Veamos:

Desde el momento en el que las autoridades federales identificaron el primer caso de COVID-19 en nuestro país, se instrumentó, desde el 28 de febrero de 2020 una estrategia de información por medio de la transmisión de una conferencia de prensa con la finalidad de dar a conocer los avances en contra de esa enfermedad. Adicionalmente, el Presidente, en sus cotidianas conferencias matutinas, ocupa algunos espacios para actualizar la información al respecto; en este contexto es que el día 6 de mayo, el Director General del Sistema Público de Radiodifusión, alertó sobre la emergencia de un fenómeno que acompaña a la enfermedad ocasionada por el virus SARS-Cov-2: la infodemia. Para el funcionario federal, se trata de una “sobreabundancia de información falsa, maliciosa o medias verdades sobre la pandemia y su rápida propagación a través de las personas y de los usuarios de redes sociales” (http://bit.do/fKAcQ). Una definición parecida a la de la directora del Departamento de Preparación Mundial para los Riesgos de Infección de la Organización Mundial de la Salud (http://bit.do/fKz5B). El subsecretario de Salud encargado de dirigir la estrategia contra la COVID-19, ha alertado sobre este fenómeno (http://bit.do/fKKXg). 

Por eso sorprende tanto el interés de los funcionarios federales por denunciar la infodemia cuando es el mismo gobierno el que, posiblemente con las mejores intenciones (como generar confianza entre la sociedad), ha propagado información que no se ajusta a la realidad. Baste recordar que, de forma exageradamente temprana, el 23 de mayo, en plena elevación del número de contagios, se anunció que se había alcanzado el aplanamiento de la curva (http://bit.do/fKJvS). Asimismo, en el mes de marzo se había asegurado que el país se encontraba preparado para enfrentar la pandemia (http://bit.do/fKJvZ), pero meses después se argumentó que una de las razones del incremento en el número de contagios y fallecimientos se debía a las malas condiciones en las que la presente administración recibió el sistema de salud (http://bit.do/fKJQL), además de las comorbilidades que padece la sociedad mexicana. Los mensajes contrapuestos también son característicos, pues, mientras, por un lado, se hacían llamados a guardar el distanciamiento social, por el otro se instaba a continuar abrazándose y a seguir realizando las actividades de forma cotidiana (http://bit.do/fKJQ9). Asimismo, aunque hasta este momento no existe una cura ni una vacuna contra la enfermedad, el presidente ha anunciado que no mentir, no robar y no traicionar son las mejores armas para prevenirla (http://bit.do/fKJRM). 

Por otro lado, a raíz de una solicitud de un grupo de representantes estadunidenses para que el presidente de la nación norteamericana conminara a su homólogo mexicano a respetar los acuerdos en materia comercial con las empresas productoras y comercializadoras de energía de aquel país que operan en México, el presidente Andrés Manuel López Obrador manifestó su descontento ante tal solicitud, argumentando que él estaba encargado de “defender el interés público”, en contra de aquellas empresas que pudieron haberse aprovechado del país “de manera deshonesta en el periodo neoliberal”, por lo que haría lo necesario, dentro del marco legal, para “darle preferencia tanto a la CFE como a Pemex…”. Una de las vías para cumplir ese propósito era por medio de la compra de carbón a los proveedores regionales del estado de Coahuila para la generación de energía eléctrica. Anticipando las posibles críticas por el anuncio de la compra del combustible fósil, argumentó que la defensa de las energías renovables eran un sofisma en el que se afirma que “son mejores las plantas eólicas o de energía solar, que en efecto no contaminan, pero éstas reciben subsidio produzcan o no” (http://bit.do/fKJRY). 

Independientemente de lo conveniente que puede resultar que las empresas públicas de nuestro país puedan mantener un mayor control de la producción y comercialización de un sector estratégico como lo es el de la energía eléctrica, el problema surge en la calificación de las energías renovables de sofismas, pues, llama la atención el hecho de que, diversos documentos elaborados por este gobierno, reproduzcan dichos “sofismas”, por ejemplo, el Plan Nacional de Desarrollo, un documento que puede considerarse netamente redactado de puño y letra del presidente, establece: “La nueva política energética del Estado mexicano impulsará el desarrollo sostenible mediante la incorporación de poblaciones y comunidades a la producción de energía con fuentes renovables…” (http://bit.do/fKJTT). De la misma forma, el Plan Sectorial de Energía 2020-2024 menciona que se buscará una “mayor participación de las energías renovables en el balance energético nacional”; en este mismo documento se asegura que el gobierno asumirá el reto “de sustituir combustibles como la leña y el carbón, en beneficio de los usuarios” (http://bit.do/fKJTw); sin embargo el gobierno anuncia acciones en un sentido opuesto a lo que afirman dichos documentos. 

Dice Jesús Rodríguez Zepeda que, “hoy en día, no puede concebirse una democracia que merezca tal nombre si en ella, además del gobierno de las mayorías y el imperio de la ley, no se garantiza un mínimo de control de los ciudadanos sobre las acciones de sus gobernantes”, aunque reconoce la existencia de espacios vetados a la publicidad, como la que busca la preservación del propio Estado (Estado y transparencia: un paseo por la filosofía política, 208: 9). Pero para estar en posibilidad de ejercer el control del que habla el autor, resulta indispensable contar con información (verídica) que permita no sólo controlar y calificar la gestión pública, también tomar mejores decisiones, algo que resulta difícil cuando el propio gobierno, aprovechando los medios a su alcance genera desinformación, contradiciéndose y hasta claudicando de los objetivos que él mismo se marcó, es decir, engañando a la ciudadanía. Al respecto, Fernando Vallespín menciona que existe una gran diferencia entre un engaño y una mentira, pues, una frase puede no ser falsa, pero no necesariamente puede corresponderse con la verdad, en tanto que, en el mundo de la política, la “moneda común [son] las medias verdades, los silencios o la hipocresía pura y dura” (La Mentira os hará libres, 2012: 15), no obstante, parece que a esta lista debemos añadir las infodemias, los sofismas, así como las posverdades y  las fake news” (http://bit.do/fKKZZ). 


* El doctor Ángel Mundo López es profesor-investigador del Departamento de Política y Cultura de la Unidad Xochimilco de la Universidad Autónoma Metropolitana

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