Opinión


Cuatro retos electorales

Cuatro retos electorales | La Crónica de Hoy

Ha iniciado ya el proceso electoral nacional dos mil veinte-dos mil veintiuno. El próximo seis de junio elegiremos la integración completa de la Cámara de Diputados, treinta congresos locales, gubernaturas en quince estados, además de otros cargos tales como sindicaturas, regidurías y presidencias de comunidades.

La Lista Nominal, esto es, la ciudadanía que tiene su credencial para votar con fotografía vigente, rebasa por poco los noventa millones de personas. En cuanto a los partidos políticos, aún está pendiente de decidirse de forma definitiva el número de los que contenderán en lo nacional así como en lo local, y desde luego no puede saberse en este momento cuántas candidaturas independientes habrá.

Es obvio que viene un reto enorme para las autoridades electorales, que debe decirse, están acostumbradas a manejar este tipo de sucesos. Pero, además de tal obviedad, ¿qué otros temas pueden resultar relevantes a lo largo de estos comicios? Aquí presento algunos que podrían serlo:

Voto desde el extranjero: las mexicanas y los mexicanos que, viviendo lejos del país, mantienen lazos con él, así como con sus patrias chicas, tendrán una nueva forma para sufragar, además del consabido voto postal. Me refiero a la votación electrónica.

El voto postal tiene una desventaja para nuestros connacionales que no tienen residencia legal en Estados Unidos: les preocupa que pueda servir para que las autoridades migratorias los rastreen y expulsen del país. Este temor frena los deseos de participar, y ha obligado a buscar otras formas, lo que derivó en el nuevo voto electrónico.

Esta forma no requerirá un domicilio físico sino un correo electrónico y un número de teléfono celular, que se utilizarán para mandar las claves o códigos para acceder al sistema de voto y sufragar; se garantiza la secrecía porque no hay vinculación entre el nombre de quien vota y el sentido de este, y se ha auditado el sistema completo para probar su fortaleza e invulnerabilidad.

En dos mil dieciocho se recibieron poco más de noventa y ocho mil votos desde el extranjero para la elección presidencial, y un número similar, de hecho un poco mayor, para las senadurías, con un costo de aproximadamente treinta y tres dólares por sufragio, según informó en su momento el entonces consejero del INE Enrique Andrade. Ahora, con la posibilidad de votar desde fuera de México para nueve gubernaturas (que son Baja California Sur, Colima, Chihuahua, Guerrero, Michoacán, Nayarit, Querétaro, San Luis Potosí y Zacatecas)  y con esta nueva modalidad electrónica, la apuesta es que aumente la participación.

Es de esperarse que el método de voto por Internet funcione bien. La coordinación entre el INE, consulados y embajadas también ha sido históricamente buena, y el éxito de la estrategia de promoción estará en los lazos con las comunidades y el conocimiento de los medios de comunicación en cada una; por ejemplo, en algunos lugares son las estaciones de radio las que vinculan a las mexicanas y mexicanos en el extranjero, en otros lugares son páginas de Internet o cadenas de mensajería.

Respecto de aquellas entidades donde por primera vez se votará desde el extranjero, será importante la labor de difusión con los familiares que se han quedado aquí, pues son el principal vínculo de quienes han migrado, no solo porque mantienen la comunicación, sino por la confianza que les otorgan.

Otro tema es el de la violencia política de género contra la mujer. El aumento de la participación política femenina, una lucha que se vio potenciada por reformas jurídicas en el dos mil catorce y el año pasado, ha tenido como efecto negativo el aumento en la violencia política contra las mujeres; si bien ya existen mecanismos legales para combatirla e incluso se ha creado un listado nacional de quienes realizan este tipo de actos, es una realidad que continúa.

Ahora bien, ya hay antecedentes de candidatos que han perdido el derecho a contender por realizar actos de violencia política, y dado que el número de casos denunciados ha aumentado, es de esperarse que sea un tema que esté presente en diversos momentos en el proceso electoral, desde la etapa de selección de candidaturas por los partidos, hasta el registro de las mismas.

La violencia de género se manifiesta de muchas formas, por citar sólo algunos casos recientes, incluye el entorpecimiento de las labores del cargo, la creación de “regidurías de ornato”, la negativa a entregar información necesaria para desarrollar las labores, la exclusión de reuniones de trabajo, entre otras. Todas tienen en común que se presentan por la razón de que la agredida es mujer.

Un tercer tema es el surgimiento de demandas de grupos tradicionalmente invisibilizados para la labor política, pongo dos ejemplos: en un estado un colectivo LGBTIQ ha solicitado al órgano electoral que les reserve espacios en los consejos electorales; en otros, grupos de personas en situación de discapacidad solicitan contar con una cuota de representación en las legislaturas. Esta emergencia de temas nos reta a contrastar la realidad de un sistema representativo que se ha construido desde una perspectiva que, probablemente, invisibiliza las realidades de nuestra sociedad; si bien se ha avanzado en asuntos como la paridad, así como en la representación de pueblos y comunidades indígenas.

Por último, la pandemia. Este maldito bicho que nos encierra y nos asusta, tiene efectos electorales; ya este año obligó a posponer los comicios en Coahuila y en Hidalgo. Pero realizar las elecciones es un mandato constitucional ineludible, así que el reto es cómo lograrlas en estas condiciones, existen ejemplos en los estados en que habrá votaciones el próximo octubre, en los que se han tomado medidas como privilegiar las campañas en redes sociales, fijar un distanciamiento y cupo máximo obligatorios en los actos de campaña, la necesidad de que en las visitas casa por casa los equipos de las candidaturas cuenten con elementos de protección, etc.;  ya se han anunciado medidas para la jornada de votación, como la desinfección constante del material, el uso obligatorio del cubrebocas en las casillas, así como el contacto mínimo entre la ciudadanía y el funcionariado electoral.

No sé si las elecciones son una “fiesta de la democracia” como se ha dicho. Creo que son una suma de esfuerzos para construirnos como una comunidad nacional, como un país que encuentra en ellas la forma más pacífica posible para definir su rumbo.

Y eso no es poca cosa.

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