Cultura


A veces el lenguaje no alcanza para comunicarse: Mercedes Alvarado

Presenta su poemario Días de luz larga

A veces el lenguaje no alcanza para  comunicarse: Mercedes Alvarado | La Crónica de Hoy

Nos han dicho que hay que aprender a quedarse, a sentar cabeza, pero la vida no se trata de quedarnos estáticos en el mismo lugar, sino de avanzar, expresó la escritora Mercedes Alvarado, a propósito del poemario Días de luz larga.

“Estamos buscando hacer casa entre paredes cuando en realidad la casa está hacia adentro. Hay que atreverse a irse, a descubrir que lo que llevamos años haciendo tiene otras formas de hacerse y que, si uno se mueve físicamente, el viaje más interesante sucede dentro de uno mismo”. 

Días de luz larga (Elefanta Editorial, 2020) está propuesto como un viaje, explicó. “Abrí una puerta a otras latitudes para que la gente pueda hacer este recorrido por Toyen, Malmö, Rue Montorgueil, Chamberí, Brugata, Ila y Calakmul, entre otros lugares. Además, habla del sentimiento de extranjería que se experimenta lejos de casa y de la búsqueda constante de nuestro lugar en el mundo”. 

“Escribo también de una caída, de un proceso emocional en el que caes y del que te recuperas posteriormente. Irse no significa que todo va a estar bien y que dejas atrás todo lo que traes cargando, sino que, al contrario, te obliga a enfrentarte con otras cosas”. 

Por ello, durante la escritura de este libro la autora tuvo que cuestionarse qué significaba México y qué la casa familiar para ella, pues “son cuestiones que tenemos asumidas como parte del ser mexicano, pero que al irse comienzan a verse desde otras perspectivas. Así como uno aprende un lenguaje, aprende otra manera de estar en el mundo”. 

“El que viaja por un ratito, quien se va por mucho tiempo o quien está migrando, aprende a ver las cosas desde otro lugar y para ello hay que tener mucha disposición. Para encontrar cosas dentro de nosotros mismos, que no habíamos visto o que no habíamos querido ver, se necesita desapego”. 

CIUDADES

tUna ciudad es la suma de cosas que pasaron ahí y que tienen que ver con la historia, pero al mismo tiempo la ciudad está siendo construida, desdibujada, redibujada, reapropiada y resignificada por la vida que cada uno hace en ese lugar en específico. “Nosotros tenemos una relación recíproca con las ciudades”. 

“Una ciudad depende del cambio constante igual que las personas. Soy otra cuando me voy moviendo y ahorita no soy la misma de hace tres viajes o de uno. En este libro pensaba en esta relación de ida y vuelta en la que al final la ciudad me define, pero yo también la defino a ella”.

Y al movernos geográficamente, añadió, también se resignifica la ciudad de donde venimos. “Uno nunca sabe exactamente para dónde va y tienes que despagarte totalmente; en ese momento se desdibujan las fronteras físicas, mentales, ideológicas y culturales con las que habías habitado un espacio”. 

COMUNICAR

El lenguaje está íntimamente ligado a nuestra cultura y a nuestras costumbres, por lo que al momento en que nombras algo, también estás expresando un significado emocional, cultural y antropológico, por ello hay frases que sólo significan en un contexto en específico, explicó Mercedes. 

“Cuando un mexicano te dice “ahorita voy”, quien sabe si es en cinco minutos o en dos horas; por eso en el poema Majorstua, por ejemplo, incluyo juntas las palabras: Mi corazón y mitt hjertet -mi corazón en noruego-, para poner en paralelo el entendimiento que tenemos del lenguaje, el hábito muy latinoamericano de decirnos corazón, frente a una palabra que solamente está nombrando una cosa”. 

No obstante, se puede comunicar más allá del lenguaje. “A veces el lenguaje no alcanza, no es suficiente. Cuando estas en este momento de estarse yendo, suceden muchas cosas que quizá puedan verse, aunque no seamos capaces de nombrarlas. Eso es parte del aprendizaje, hay cosas que son evidentes porque al final somos tan humanos aquí como en cualquier otro lado”.

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